
Hoy ha sido uno de esos días en que él estaba muy presente, como si una corriente de felicidad -que a saber de dónde viene- recorriera todo mi cuerpo. Siento que mi alma está tranquila, como si ese ángel de carne y hueso la hubiera vuelto a tocar.
Hoy ha sido uno de esos días en que le he dedicado muchos minutos de pensamiento. Me iré a dormir y seguiré pensando en él, en su dulzura.
Siento que cualquier cosa, aunque en principio no esté relacionada con él, me lleva a pensar en él, como si estuviera en todos los sitios.
Quizás es que mis recuerdos de él son muy vívidos.
Ahora... daría un mundo por pasar mis dedos por las hebras de su barba, mirarle a los ojos y darle un beso de buenas noches. Y desearle felices sueños. Y dormir abrazada a él. Y acompasar mi respiración a la suya. Y escuchar los latidos de su corazón. Y...
Y que jamás se rompa ese hilo invisible.
Ya ha llegado el instante de soñar...
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