
A las seis he decidido ir a comprar unos libros de bolsillo que fueran extensos. A la mente me ha venido It, pero no había ninguno que le superara. Como la idea de Stephen King venía seduciéndome por el camino, han sido dos libros suyos lo que he decidido coger, quizás para dar pequeños grititos de pánico en el avión.
Ahora que se ha quedado tan buena tarde, hay algo que me gustaría hacer: pasear con él. Pero no voy a ir a verle. Con él siempre funciona la Ley de Murphy: o no está o está muy ocupado. Entonces optaré por la segunda cosa que más me gustaría hacer ahora: darme un baño con agua templada, sales relajantes y mucha espuma. Y antes de hacerlo, conducir y silbar y cantar a voz en grito: "Como hablar si cada parte de mi mente es tuya y si no encuentra la palabra exacta".
Me voy a disfrutar del sol y de este cuartito de felicidad.
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