miércoles, junio 02, 2010

As a butterfly

Tan sutil como el vuelo de una mariposa, tan hermoso como los colores de una mariposa, tan delicado como los destellos plateados de las alas de una mariposa...
Tan fugaz como el aleteo de una mariposa, tan breve como las efímeras apariciones de una mariposa, tan perfecto como el silencio de las alas coloridas de una mariposa.

Las mariposas aparecen y desaparecen en cuestión de segundos. A veces se pueden ver posadas sobre alguna planta y desaparecen de repente... hasta la siguiente ocasión en que se pueden volver a observar. Me maravilla la sencillez de la naturaleza, sobre todo con ciertos animales. En este contexto de las mariposas, me atraen, más que por su belleza, por su delicadeza. Es como si algo en mí me advirtiera que si las tocara se pueden romper.

La delicadeza, la belleza y la fugacidad de una mariposa me llevan a él. La delicadeza, porque he visto y comprobado la delicadeza con que hace las cosas, la delicadeza en sus palabras o en la forma de plasmar sus pensamientos, la delicadeza con que observa, con que toca..., la delicadeza de su voz. La belleza... ¿qué voy a decir de una persona a la que quiero tanto? Para mí, es la persona más bella del mundo, aunque aquí quería hablar más de su belleza interior, que para mí es como un tesoro de una pureza incalculable. Sigue siendo la persona más bella del mundo, exterior e interiormente. No puedo olvidar que a mí ya me atraía incluso sin conocerle en persona. Con la fugacidad me refiero a lo efímero que es todo, cuando aparece, porque repentinamente ya se está marchando, y yo nunca quiero que se marche o que llegue el momento en que yo me tenga que ir y tenga que despedirme de él hasta la próxima. Pero, al igual que las alas de la mariposa, deja sus destellos de plata como recuerdo vívido de que él estuvo a tan sólo unos pasos de ti.

Como una mariposa...

(Pero una mariposa podría llevármela a Japón...)

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