
Llevaba varias semanas deseando cambiar de dirección en el blog. La de Deutschmilchkaffee es, posiblemente, la dirección que más me ha durado, casi un año. Quizás es porque siempre albergué la esperanza de que él podía entrar, aunque creo que sólo lo hizo en agosto.
Seré clara. Siempre hay alguien que te pide el blog y a quien, por la razón que sea, no le dices que no y no puedes escapar de esa situación (no suelo decir que escribo en un blog, pero esta persona en concreto me vio conectarme y me preguntó sobre la página que yo estaba viendo). Así que ése es el motivo del cambio. Sé que es difícilmente rastreable si no doy expresamente la dirección, por razones como lo de mantener el enlace oculto y no a la vista (en el fondo soy una desconfiada). Y bien, como es posible que esa persona que me lo pidió cotillee todo mi blog en mi ausencia y hay personas que no queremos que sepan más de nosotros que nosotros mismos, he decidido cambiar. Además, ya era hora de que dejara a un lado los títulos en alemán, que para idiomas raros ya voy a tener de sobra en las dos próximas semanas.
Además, titularlo Doscientas veces él es más idóneo con mi estado del alma actual. ¿Por qué no? Reconozco que doscientas son pocas, pero viene a ser algo metafórico.
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