
Tengo mucho para contar y debería hacerlo cuanto antes, ahora que está fresco, pero hoy no tengo más que unas ganas insaciables de dormir. Hay que tener en cuenta que el jet-lag afecta y que, además, llevo bailando desde las seis de la mañana (sin siesta). Mis anécdotas en Japón pueden esperar, aunque sí que puedo hablar un poco a rasgos generales.
Antes de este viaje, no había conocido gente más eficiente que los alemanes. Todo en su punto exacto. Ahora puedo decir que los japoneses son no sólo más eficientes sino también más prácticos en todos los sentidos, no sólo en el tecnológico. Es indescriptible cómo a todo le sacan un rendimiento. Por ejemplo, si no tienen suficiente suelo urbanizable, construyen islas artificiales. Y saco a colación el tema del suelo urbanizable porque ése es un verdadero problema en Japón. Lo que ocurre es que no pueden construir edificios altos por los terremotos, así que la mayoría de la población vive en diminutas cajas de cerillas que, a nuestros ojos, quizás resulten claustrofóbicas. Y no he visto una casita o un pisito por dentro, no obstante me los han descrito, aunque viéndolos por fuera una se puede hacer una idea. Por supuesto, hay un sinfín de rascacielos en las grandes ciudades, pero están ocupados por complejos hoteleros, edificios burocráticos y dedicados a la política, oficinas, edificios oficiales, etc. Muchos de estos edificios tienen un sistema anti-terremotos, como el fascinante Ayuntamiento de Tokio.
Japón me ha dejado huella, como no podía ser de otra manera. Pero no han sido las ciudades, ni su cultura, ni sus tradiciones. Ha sido su gente: adorables, dulces, siempre dispuestos a ayudarte, educadísimos, silenciosos...
Pero es un mundo diferente. Es otro mundo. Y eso requiere descripciones largas que iré esbozando en las próximas semanas. Porque al hablar de un templo sintoísta me veo en la obligación de explicar un poco ciertos elementos de sus construcciones o ciertos aspectos de esa religión. Hay que tener en cuenta que el sintoísmo es la religión que más se profesa en Japón, junto al budismo (éste en menor medida). Sólo una pequeña parte de la población practica el cristianismo. Así que se hace extraño no encontrar iglesias (yo vi una desde el tren, ya lo comentaré más adelante), que es a lo que nosotros estamos acostumbrados. Pero es muy sencillo descubrir dónde están los lugares que se consideran sagrados.
La comida es otro cantar que requiere una entrada aparte.
Japón deja una profunda huella. Me recibió con un "Welcome to Osaka!" y me despidió una japonesa sonriente preguntándome si volvería a Japón (en el mostrador de facturación de la maleta). Le expliqué que tenía motivos para regresar en un futuro y que quizás lo hiciera.
Hay mucho que contar, pero puede esperar. Aún estoy con esos síntomas de cansancio que aún no han desaparecido y, también, con la mente pensando todavía en aquello. Me gustó, claro, pero sigo prefiriendo lo que conozco desde siempre, es decir, (hoy me lo han preguntado) sigo prefiriendo España.
No he sentido los temblores de ningún terremoto. Y sólo tengo que cerrar los ojos para recordar muy vívidamente cómo eran los aromas de un restaurante en tal ciudad o cómo eran las canciones que sonaban en un templo determinado. O tan sólo tengo que rememorar los jamones de bellota (made in Segovia) que me encontré en un supermercado en el centro de Tokio.
He descubierto que nosotros tenemos muchos límites en relación a la mentalidad japonesa, más abierta moralmente. Quizás esto tenga relación con esas religiones que profesan. Y esto lo digo porque, por ejemplo, no guardan rencor a los americanos por las bombas atómicas. Lo aceptan como un hecho ocurrido que, a mi modo de ver, de alguna manera engrandece su espíritu. Han perdonado y eso es ejemplo a seguir.
Otra de las cosas que me sorprende es su capacidad para conjugar magistralmente pasado y futuro. Los japoneses son poseedores de una modernidad que sobrepasa fronteras (y no me refiero únicamente a todo el tejemaneje de los aparatos electrónicos, de coches y de otros inventos propiamente suyos), se han 'occidentalizado' y lo han hecho a su manera, pues ellos siguen conservando sus tradiciones como marca viviente y distintiva de su país. Y eso ellos han sabido complementarlo de una forma magnífica. Así que te puedes encontrar un templo budista rodeado de rascacielos que, en principio, sorprenderá, sobre todo por la diferencia de estilos: el moderno edificio recto y acristalado junto al tejado curvilíneo del templo.
Japón es un país lleno de contrastes. Ya lo iré contando. De momento, me voy a dormir. Pues hay otra imagen mucho más fresca con la que quiero soñar...
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