
En el río Clyde, que bordea la ciudad de Glasgow, en Escocia, cuentan que vivía hace muchos años un kelpie. Éste era un caballo mágico que algunas noches adoptaba la forma de un joven elegante y salía a enamorar a las muchachas que frecuentaban aquellos parajes.
Un día, la hija del alcalde salió a pasear con una de sus amigas por una de las márgenes del río y allí, junto a unas piedras, vio al hermoso caballo bebiendo agua. Aunque el kelpie tenía fama de peligroso, la muchacha se acercó a él y le susurró unas palabras al oído. Cuando llegó la noche, la hija del alcalde salió de su casa sin ser vista y acudió al mismo lugar donde por la mañana había estado con el kelpie, pero esta vez se encontró con un joven apuesto, muy alto y muy rubio, y tan pálido que casi parecía albino. Y desde esa noche, cuando ya todos en la casa estaban durmiendo, la muchacha salía sigilosamente y corría al lugar donde la esperaba su amante, con el que se quedaba hasta que comenzaba a despuntar el alba.
Una mañana, en la casa descubrieron que la hija del alcalde no estaba. Aquel día no regresó de su cita con el kelpie y, aunque la estuvieron buscando durante meses, nunca regresó.
No se sabe a ciencia cierta qué fue de ella, pero algunos piensan que se quedó a vivir con el kelpie y se convirtió en su mujer. Según dicen, desde ese día el caballo dejó de seducir a las doncellas del pueblo y, algunas mañanas, se le ve por el río en compañía de un niño agarrado a sus mágicas riendas.
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