
Me quedan veinte minutos para marcharme a casa. Por una parte, apetece; por otra, me quedaría horas en la oficina... Yo creo, de todas formas, que me iré antes de tiempo. Creo que me llevaré al perro a pasear. Esta mañana le he encontrado mirando hacia la calle, como nostálgico.
Además ha salido el sol, que se agradece, aunque mi mente, como todos los viernes, termina volando lejos, hacia otra persona, a lo que daría por compartir unos minutos con él.
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