domingo, mayo 02, 2010

Fuegos artificiales

Desde mi casa se veían los fuegos artificiales como si estuviéramos en un palco de lujo. Me han sabido a poco. Los vehículos que circulaban por la N-120 también tenían que ver un buen espectáculo.
Uno de mis primeros recuerdos racionales era sobre los fuegos artificiales. Los expertos dicen que los humanos empezamos a razonar y a ser conscientes sobre los siete u ocho años. Pero existen casos en que la memoria almacena recuerdos anteriores. A grandes rasgos, recuerdo dos situaciones prematuras, las dos porque me causaron dos pequeños traumas que son difíciles de olvidar, situaciones caóticas, donde no tienes defensa. Una fue en un hospital, porque con cuatro años estuve ingresada en un hospital durante una semana. El otro recuerdo tiene que ver con los fuegos artificiales que iluminaban el cielo de SD, cuando me eché a llorar del miedo que me dieron. Recuerdo que estaba en la plaza del antiguo estanco, la cabina que había entonces enfrente, que yo quería resguardarme allí porque en mi mente los fuegos artificiales no llegarían a mí metida en la cabina. Hoy día, ni existe el estanco ni existe aquella cabina. Otro recuerdo bastante traumático de la infancia también tiene que ver con fiestas de SD: cuando la chica que me cuidaba y sus amigas me subieron a la barca, tuvieron que parar la barca por mí y jamás he vuelto a montarme en ella. Seguro que si me pongo a pensar, encontraría más situaciones dramáticas de mi infancia en algún rincón de la memoria.
Los fuegos artificiales, hoy en día, me dan respeto, pero me gusta admirarlos desde la barrera. Es impresionante que los petardos y explosivos se conviertan en arte para iluminar el cielo de una población en momentos de fiesta.

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