
Al salir... ni un alma en la calle. Los reflejos de las farolas sobre el suelo gris. El destello de un coche frente a mí. Una fuerza me impulsaba a dibujar en esa luna trasera... Si no fuera porque estaba mojada. He mirado hacia mi derecha, deseando encontrarme con los pasos rápidos del dueño del coche. Pero no venía nadie. He echado una vez más otra ojeada al coche y he caminado tiritando de frío hasta sentarme y poner la calefacción a tope.
Tan cercano... He venido pensando en el día que me trajo a casa. Aquella sí que fue una noche mágica. Se me grabó a la perfección su perfil, tanto que sólo tendría que cerrar los ojos y alargar los dedos de la mano para revivir aquella noche.
Venía silbando. Porque siento que él está bien. Y si él está bien yo estaré bien.
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