
Poco a poco esto empieza a parecer una oficina. Ahora me tengo que habituar al nuevo teclado, que acostumbrada a portátiles no se me da bien. Estoy comprobando qué es lo que tienen los ordenadores instalado y qué es lo que no. De momento no puedo leer documentos PDF, aunque ya me he encargado de elegir un navegador, de descargarme el compresor WinRar y de entrar en la página de correo electrónico a través de internet. Pero no tenemos nada más, ni siquiera el programa que utilizamos habitualmente.
Lo que está bien es que apenas hemos tenido llamadas. Y soy yo la que tiene que estar pendiente del teléfono, ya que mis compañeras desconocen, de momento, para qué es cada tecla y, seguramente, al descolgar no les salga nadie al otro lado.
Por lo demás, me queda bajar todas mis cosas de arriba y copiar todos mis documentos en el pen.
Qué día más rancio.
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