
Hace muchísimo calor. Hoy sí que es uno de estos días en que apetecía piscina al mediodía. Iba en el coche y sólo pensaba en meterme bajo la ducha. Se agradece, porque después he desempolvado la ropa de verano. Adoro que llegue el calor.
Mi hermano y M. han llegado del sur hace tan sólo un rato. Por supuesto, se han acordado de todos.
También ha venido el de la katana. "Te quedan dos semanas, ¿a que se te había olvidado?". Y le he respondido: "Pues no, sólo que me he informado y resulta que quizás no pueda traerte una katana, porque, en primer lugar, es un arma y necesito un certificado como que voy a traer a España un arma desde allí, quizás también necesite licencia de armas". Y me dice que si la meto en la maleta posiblemente nadie se entere. Le he contestado que quizás me abran la maleta teniendo en cuenta que pasaré por dos aeropuertos y me voy a otro continente. Al final ha quedado claro que no le voy a traer una katana. Es que si no pudiera encontrarla aquí, pero en España también venden katanas...
En realidad sólo necesitaría una factura con las características físicas de la katana y tendría que mostrarla en el aeropuerto de Tokio y al llegar a Barajas. Es obvio que no puede viajar como equipaje de mano.
Estoy segura de que si la katana me la hubiera pedido cierta persona haría lo indecible por traérsela.
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