
Los viernes por la tarde son momentos donde suelo entrar en una somnolencia extraña, pero sobre todo son varias horas donde él suele estar muy presente. Es como si fuera el único instante de la semana donde puedo pensar en él con cierta libertad. Y pensar en él me reconforta.
Para mí las tardes de los viernes son para la reflexión, esté aquí o esté fuera... Siempre termino dedicándole unos minutos a cada hora, cuando no es más.
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