No me gusta quedar en domingo por asuntos de trabajo, pero no podía ser más que en fin de semana y, con las fiestas del Santo, terminaríamos quedando en junio. Prefería sacrificar este fin de semana, por lo que anoche, después de los fuegos artificiales opté por quedarme en casa y cerré los ojos enseguida, mientras que el sopor me llevaba a una imagen que me tranquilizaba. Lo último que recuerdo haber pensado antes de quedarme dormida fue: "¿Habrá salido hoy? ¿Habrá visto los mismos fuegos artificiales que yo, aunque desde otra perspectiva?". No recuerdo más.
Cuando he abierto los ojos esta mañana el perrito estaba encima de mi cara mirándome fijamente: quería jugar. Eran las nueve de la mañana y mi hermano pequeño acababa de llegar a casa.
Me ha encantado conducir entre todos los campos verdes, a pesar del chirimiri que caía. Me parecía que todo tenía una hermosura extraordinaria, aunque el día sea gris. Su imagen de tranquilidad ha vuelto a pasar por mi mente, fugaz.
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