martes, mayo 25, 2010

El cielo se torna gris

Todos los días ocurre lo mismo: mucho sol para después nublarse. Seguro que la tormenta empezará en el momento en que me vaya a casa; conmigo siempre funciona la Ley de Murphy. De todas formas, me gustan estas tormentas de verano en primavera. Luego se queda una tarde-noche espléndida.

Ni voy a imaginar que las gotas de agua salada caen sobre su piel, mientras su pelo gotea sobre mi cuello, pero no existe el agua, ni las tormentas, ni la primavera. Sólo está él, mojándose bajo la lluvia y yo le observo feliz, mientras me aferro más a su mano. Y únicamente me concentro en el tacto delicado de mis dedos entre los suyos. No siento las gotas que recorren mi rostro, ni el pelo que se riza lentamente, ni escucho el chapoteo de nuestros pasos, ni huelo el dulzor del aire en medio de la tormenta...

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