
Los locales ya han preparado las vallas amarillas para acordonar la calle para las barracas. En una semana estaremos casi de fiesta.
Al llegar a la oficina una de mis compañeras me ha dicho que si no le he traído el libro, un libro que me leí la semana pasada. Yo ya le dije hace muchos meses que no suelo prestar libros nunca. No tengo que justificar algo que ya he explicado. Cuando digo que no presto libros es que es a nadie. Con la única excepción de mi amiga M. Porque siempre hay una excepción.
Venía en el coche contenta, silbando, nada que ver con los últimos días de abril. Es su magia, pensar en él, soñar con él y la posibilidad (remota, eso sí) de encontrármelo en cualquier lugar.
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