
He decidido que voy a volar, que abriré la ventana, olfatearé el aire fresco de la noche y extenderé mis brazos al aire. Me dejaré llevar sin rumbo fijo, aunque el corazón me guiará hasta él. Abriré mis brazos y me fundiré en los suyos. Y dormiré junto a él toda la noche, intentando no despertarle.
Y al alba, cuando él aún esté inmerso en los sueños, le observaré un último segundo para volver a extender mis alas y regresar a mi isla solitaria sin él...
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