domingo, mayo 30, 2010

Los milagros del vino


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El mejor vino es un don, pero hay que luchar mucho para ganárselo”.
Éste es un libro que me costó mucho empezar, por el simple hecho de que el tema no me atraía, pero ya había leído otro libro del autor, El alma de la ciudad, y sabía que no me defraudaría. Y, a pesar de desear dejarlo a la semana cuando aún no había leído siquiera un centenar de páginas, opté por seguir. No me gusta dejar libros a medias. El resultado es que ha terminado gustándome, quizás por lo inesperado.
Debemos vivir como si fuera para siempre, pero, a la vez, como si fuéramos a dejar este mundo en cualquier momento…”.
Corre el siglo I en Grecia. Podalirio, griego de Siracusa, es un dócil sacristán dedicado a servir en el templo de Asclepio. Amigo del procónsul romano y adorado por los fieles, muy pronto se convierte en el hierofante del templo, sustituyendo al loco Epafo. Cuando muere su amada Eos, hetera y sirvienta de Afrodita, decide emprender un largo viaje. Ha escuchado, de boca de viajeros, que en Palestina se adora a un único dios, gracias a la venida al mundo de Crestos. Escucha todo lo que le dice Saoul (Pablo de Tarso) y opta por emprender un viaje a Palestina. Allí entrará en contacto con Susana, una mujer madura, soltera e inteligente que se dedica al negocio del vino. Griega de nacimiento, profesa la religión judía. Ella es la que le cuenta los prodigios milagrosos de Yeshúa, de cómo entró en contacto con él y le quitó de la mente todos sus demonios que la llevaban a la melancolía y de cómo murió crucificado cruelmente. Durante un año, Podalirio permanece en la villa de Susana, aprendiendo no sólo las enseñanzas de Yeshúa, sino los misterios del vino. Y el lugar de sus viejos dioses se ve usurpado por la imagen de un único Dios, el Eterno.
Cuando los demonios de las dudas ocupan el corazón, el hombre no encuentra sitio para sí mismo dentro de él… No encuentra el espacio deseado para descansar en su propio corazón, pero no porque esté lleno, sino precisamente porque está vacío…”.
El viento sopla donde quiere… aunque nadie sabe de dónde viene ni adónde va… Pero todos podemos sentir su presencia y oír su voz…”.

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