Describir Nueva York tiene cierta
dificultad por la cantidad de distritos que hay en la ciudad, aunque sí es
cierto que orientarse allí es muy sencillo, porque la ciudad tiene una planta
en cuadrícula, al menos en Manhattan, donde las calles que van de Este a Oeste
son las avenidas y de norte a sur son calles, todas numeradas, aunque a veces
estas calles y avenidas tienen nombre propio. Los distritos principales de
Nueva York son Manhattan, Harlem, Brooklyn, Queens y el Bronx. Ni que decir
tiene que ni dos semanas de vacaciones dan para ver únicamente la isla de
Manhattan, que aparte de ser el corazón de Nueva York es donde se concentra el
turismo (hoteles y restaurantes), la vida de la ciudad, es el distrito
financiero y es un cúmulo de culturas realmente impresionante.
A su vez, Manhattan se divide en
tres partes: Lower Manhattan, Midtown Manhattan y Upper Manhattan. Estas tres
zonas son claramente identificativas, y muy útiles a la hora de usar el metro.
Lower Manhattan es la zona sur, Midtown es el centro de la isla y Upper
Manhattan es la ciudad alta. En el metro es muy fácil guiarse porque junto a
Upper Manhattan siempre va a indicar la dirección del Bronx, que está al norte
de la ciudad, mientras que Lower Manhattan va unido siempre a Brooklyn, que se
encuentra al sur, pero ya fuera de la isla, cruzando el río East.
El cowboy desnudo, mítico y popular personaje de la noche de Times Square
Manhattan es una isla rodeada por dos ríos: el Hudson al oeste y el East al este, ríos perfectamente visibles desde cualquier azotea de cualquier rascacielos de la ciudad, que se unen al Atlántico en Lower Manhattan.
Llegué a uno de los aeropuertos
de Nueva York, el John Fitzgerald Kennedy, situado en el distrito de Queens, un
atardecer de principios de junio. Ya en el aeropuerto se respiraba cierta vida.
Y en ese momento me tuve que concienciar: “Acabo de aterrizar en Nueva York, la
ciudad de ciudades, la ciudad más cinematográfica y más literaria, la ciudad
que invita a la fantasía, la ciudad que tiene todo lo que hay que tener, y allí
donde cualquier viajero siempre quiere volver”.
Jekyll & Hyde. The Musical. Cartel de Times Square
Nueva York es una ciudad fascinante. Ahora, cuando unas semanas después, miro a aquellos días de junio no comprendo el motivo por el que no la había visitado antes. Hay algo en Nueva York de lo que carecen el resto de ciudades. No sabría explicar lo que es. Cuando llegas te fundes con la ciudad, con sus colores y con sus gentes, no importa que no hables inglés, pues es una ciudad de inmigrantes, con un alto índice de población hispanohablante, y te inundas de una vida urbanita que penetra por todos los poros de tu piel. Nueva York es indescriptible, es una ciudad para vivirla, para disfrutarla. Para explicar lo que sentí cuando estuve allí debería volver y cualquiera que quiera sentirla deberá dejarse absorber por la ciudad, esto es, debe ir allí para saber cómo una ciudad puede influir tanto en los sentidos, en la manera de hacer las cosas, en los sentimientos de una persona… Ni Tokio, ni Auckland, ni París, ni Londres, ni Madrid, ni Roma, ni Berlín… Nueva York tiene algo que no tienen el resto de las ciudades del mundo.
Reconozco que temía la Aduana de
Estados Unidos. Yo iba con todos mis documentos: pasaporte en vigor, el ESTA
(certificado electrónico para entrar en USA) y el documento de la Aduana, pero
a veces la mente nos juega malas pasadas, porque pensaba: “En cuanto vean el
sello de Qatar me llevan al cuartito durante una hora”. Sin embargo, basta que
me emparanoiara un poco para que todo fuera como la seda. El policía, ancho de
espaldas, joven y con un aspecto bonachón, me preguntó de dónde venía y en
cuanto le dije que de España, se puso a hablar en castellano. Me dijo que
pusiera los dedos en una pantalla para fichar todas mis huellas dactilares y me
dio la bienvenida a Estados Unidos.
Así comenzaba el primero de los
casi quince días que iba a pasar en Estados Unidos (y algo de Canadá).
Mi hotel, el Skyline, estaba en
la 10ª Avenida, en Midtown Manhattan, es decir, a un paso de todo. Ni siquiera
para ir a Central Park había de usar taxis ni metro. Y de allí, sólo tuve que
buscar la dirección de la 9ª Avenida para llegar a la 7ª, donde se encuentra
Times Square.
Cuando llegas a Times Square no
sabes adónde mirar, sea de día o de noche, haga sol o llueva… aquello es un
cruce de calles con multitudes de un sinfín de países, personajes disfrazados,
relaciones públicas de teatros vendiendo entradas para musicales, taxis
amarillos en todas las direcciones, tiendas gigantes de lo más inverosímil, y
gente, gente, mucha gente. Fuera a la hora que fuera, nunca me cansaba de
pasear por Times Square.
Times Square se llama así por la torre del New York Times, de 25 plantas, que fue inaugurada en 1906.
Aunque la sede del New York Times se trasladó dejando su original emplazamiento en el sur de la plaza, la brillante bola todavía se desliza todas las Nocheviejas a medianoche, igual que cuando el edificio se inauguró en 1906, con miles de fuegos artificiales. Destacan en la plaza otros edificios nuevos, como el Bertlesmann y el minimalista Condé Nast, así como los clásicos teatros de Broadway.
Times Square es el corazón del Theater District desde 1899, cuando Oscar Hammerstein construyó los teatros Victoria y Republic. Desde la década de 1920, el brillante neón de las carteleras de los teatros se mezcla con el del Times y muchos otros, creando un espectacular panorama de luces.
Duffin Square y plataforma
La década de 1920 fue la época en que Times Square se transformó y abandonó el declive que había sufrido durante la Gran Depresión. En la actualidad, la plaza es un lugar seguro y animado para los amantes del teatro y los visitantes, donde las tradiciones de Broadway conviven con las más modernas innovaciones.
Broadway está junto a Times Square. El glamour de antaño de Broadway se codea con los modernos espectáculos en esta magnífica zona de la ciudad.
Muchos teatros, como el New Victory y el New Amsterdam, han sido renovados y revitalizados. Los amantes del teatro llenan cada noche la zona, que está plagada de bares y restaurantes.
El paisaje urbano de la plaza ha
cambiado con el rascacielos de 57 plantas diseñado por Arquitectonica (de
Miami), con el complejo de ocio y comercio E Walk, en la calle 42 con la 8ª
Avenida. También descacan el Madame Tussaud’s Wax Museum, entre las Avenidas 7ª
y 8ª; una enorme tienda de Disney; la bolera Bowlmor Lanes; una plaza peatonal,
y Toys ‘R’ Us en el 1514 de Broadway. Las figuras de Morgan Stanley LED tienen
tres metros de altura. Son algunas de las muchas luces llamativas que iluminan
Times Square día y noche. Las leyes de la ciudad exigen que los edificios de
oficinas tengan la publicidad en neón.
En el centro de Times Square está
la oficina de tickets que ofrece, cada tarde, un sinfín de entradas con
descuento a espectáculos para los teatros de las calles colindantes. Además,
hay una plataforma donde te puedes subir, se seleccionan varios rostros al azar
y puedes verlo en una especie de vídeo multimedia en una pantalla gigante que
se ubica enfrente de la plataforma.
También en el centro de la plaza
se alza la estatua de George M. Cohan, que fue actor, compositor y escritor,
así como el mayor responsable de un buen número de los éxitos de Broadway. El nombre
de la pequeña plaza donde se sitúa la estatua, Duffin Square, viene dado por el
de un héroe de la Iª Guerra Mundial, Fighting
Father Duffy.
El hotel Paramount fue
diseñado por Philippe Stark y es el
lugar predilecto entre los aficionados al teatro, que toman una copa por la
noche en el Paramount Bar.
La magnífica planta baja del cine
donde las jovencitas hacían cola en los años 40 para escuchar las actuaciones
de Frank Sinatra ha desaparecido; pero todavía se respira un ambiente especial
en este impresionante edificio de Rapp & Rapp de 1927. A cada lado tiene
unas pequeñas torres simétricas, 14 en total, que se elevan hasta la cima, de
estilo art déco, donde hay una torre,
un reloj y un globo.
Alberga un Hard Rock Café, con
una tienda y una zona de conciertos.
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