jueves, enero 24, 2008

Josué y Jueces

Los Libros Históricos, los Profetas en hebreo, constituyen la lectura del proyecto divino dentro de la historia. Estos libros son: Josué, Jueces, Samuel, Reyes, Crónicas, Esdras, Nehemías, Macabeos, Tobías, Ester, Judit y Rut.

El Libro de Josué se basa en una idea fundamental: la conquista de la tierra no pudo ser obra únicamente del pueblo de Israel, sino que es un regalo que Dios hace a su pueblo.
El pueblo de Israel va a cruzar el Jordán y cuando el arca llega a la orilla, el cauce del río se seca ante el paso de los israelitas. Este hecho se relaciona con el prodigio del mar Rojo y cierra el ciclo del exilio.
Josué, sucesor de Moisés, conquista toda la Tierra Prometida con ayuda de Dios. Proclama la consagración al exterminio, por la que el botín íntegro de la primera ciudad conquistada, Jericó, es una ofrenda a Dios y todos los ciudadanos anteriores son pasados a cuchillo. Se pone en énfasis no ser pervertidos por los dioses de otros pueblos que convivirán en la misma región.
La batalla de Jericó.
La generación que entra en la Tierra Prometida es fiel a Dios, y gracias a esa fe conquistará toda la tierra.
Después de la conquista, se reparte por suertes el territorio. Josué es viejo y sabe que su final está cercano. Así que exhorta al pueblo a seguir el mandato divino. Poco después muere en la ciudad que había tomado como posesión.

El Libro de los Jueces habla de doce libertadores o héroes: seis “jueces mayores” y seis “jueces menores” (estos últimos solo los nombra). Todas las historias siguen el mismo esquema: el pueblo de Israel peca, Dios le castiga, el pueblo clama a Dios y el Señor elige un hombre que salve a los israelitas. Dejando aparte a Otoniel, Eud, Sangar, Débora y Barac, Tola y Yair, Ibsán, Elón y Abdón, cabe destacar las acciones de tres jueces: Gedeón, Jefté y Sansón.

Gedeón estaba en el campo trabajando cuando el ángel de Dios se le apareció para anunciarle que sería el libertador del pueblo, acosado por las tribus de los alrededores por adorar a dioses paganos. Gedeón destruyó el altar a otros dioses y levantó uno en honor a Dios. De todos los hombres de armas, eligió 300 y rodeó el campamento enemigo de noche haciendo tal ruido que crearon una confusión tal que se asesinaron entre ellos.
Salvado Israel del peligro de sus enemigos, el pueblo propuso a Gedeón ser rey, pero él rechazó la oferta. Mientras fue juez el pueblo fue fiel a Dios.

Jefté era hijo de una prostituta. Sus hermanos le habían echado de la casa del padre y había tenido que huir lejos de su ciudad. Era un forajido. Cuando su ciudad se vio acosada por enemigos, los ancianos le llamaron y pactaron con él para que luchara contra los enemigos. Jefté es fiel a Dios y le da su palabra de que si ganan a sus enemigos le ofrecerá en sacrificio a la primera persona que, tras la batalla, salga de su casa para recibirle. Los israelitas al mando de Jefté echan a sus enemigos de la región. Al volver a casa, la única hija de Jefté es la primera que sale a recibirle. Y él cumple su promesa a Dios.

La madre de Sansón era estéril pero el ángel de Dios se le apareció para anunciarle que tendría un hijo consagrado a Dios, por lo que debía comer alimentos puros y cuidar de que su hijo no bebiera vino ni se cortara el pelo. La región donde nació Sansón hacía frontera con los filisteos, pueblo pagano.
Sansón tenía una fuerza descomunal, pero su inclinación por las mujeres era superior. Se casó con una filistea que enseguida le engañó. Sansón acosaba a los filisteos y les mataba, mostrando su fuerza. Conoció a Dalila y se encaprichó de ella. Los filisteos le pidieron a la mujer que sedujera a Sansón y descubriera el origen de su fuerza.
Sansón y Dalila, Francesco Morone.
Sansón el dijo que estaba en el pelo: si se cortaba el pelo no podría hacer uso de su fuerza. Ella le cortó el pelo y los filisteos le apresaron. Le sacaron los ojos y decidieron ofrecerle en sacrificio al dios que adoraban.
Pero los filisteos no se dieron cuenta de que el pelo de Sansón había crecido mientras estaba encerrado. Le apoyaron en una columna y él, haciendo una oración a Dios, arrancó la columna y la tiró hacia donde estaba el pueblo clamando. Sansón murió en la destrucción de aquel templo junto a muchísimos filisteos.

Como apéndices, se cuentan unas historias entre las que cabe destacar que las tribus israelitas se enfrentaron a la tribu de Benjamín.
Un levita se había casado con una mujer. Al poco tiempo, ella volvió a casa de su padre y él fue a buscarla. En el viaje de vuelta se detuvieron en una ciudad benjaminita. Nadie les ofreció refugio ni las posadas se abrieron para ellos. Se disponían a dormir en la plaza cuando un anciano les ofreció su casa para pasar la noche. Cuando llegaron, hombres aporrearon la puerta pidiendo divertirse con el levita. Éste les entregó a su mujer, a la que violaron y asesinaron. Cuando el levita salió, recogió su cuerpo y se lo llevó a casa. Partió el cuerpo de la mujer en doce trozos y se los envió a cada una de las tribus, pidiendo venganza. Las tribus se reunieron y lucharon contra la tribu de Benjamín, a la que dejaron sin mujeres, que luego raptarían de ciudades israelitas que no se habían presentado en la batalla.
Es importante esta anécdota porque significa la fragmentación de las tribus con el rechazo de una de ellas, de la que después se compadecen.

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