domingo, enero 13, 2008

"Rob Roy"

"El honor es lo que nadie puede darte y lo que nadie puede quitarte. Es un regalo que el hombre se hace a sí mismo.
Todos los hombres que tienen honor son reyes, pero no todos los reyes tienen honor
".

The Scottish Highlands, 1713. Los pacíficos clanes escoceses viven en las montañas cuidando del ganado de los poderosos. El cabecilla de estos clanes es Robert Roy McGregor (Liam Neeson), que no soporta la pobreza en la que está inmerso su pueblo. Así que decide pedir un préstamo de 1000 libras al dueño de los rebaños, un marqués inglés afincado en tierras escocesas, Montrose (John Hurt). El marqués accede al préstamo, con vistas a multiplicar sus bienes. Pero su administrador le traiciona. Un petimetre recién llegado de Inglaterra, Cunningham (Tim Roth), no tiene un duro y el chivatazo del administrador le viene al pelo cuando se da cuenta de que serán las 1000 libras más rápidamente ganadas en toda su vida.
Rob deja a su hombre de confianza, Allan McDonald (Eric Stoltz), en la ciudad para recoger el préstamo, mientras él va a dar la buena nueva a su gente. En el camino, Allan es asesinado y Cunningham se lleva las monedas.
Cuando Rob se presenta ante el marqués de Montrose para explicarle lo que ha ocurrido, el inglés le pide algo para saldar su deuda: declarar en contra de un noble escocés, el duque de Argyll (Andrew Keir), pero Rob, por su honor, se niega a dar falso testimonio contra nadie.
A partir de aquí, se le considera un proscrito y será Cunningham quien salga en su busca. Rob deja su pueblo y a su familia, mientras huye a las montañas. Desamparada, su esposa Mary (Jessica Lange), es violada por el petimetre y decide guardar el secreto.
Capturado Rob, a Mary solo se le ocurre pedir ayuda al noble escocés, que tomará a los McGregor bajo protección y mediará para que se celebre un duelo a muerte entre Cunningham y Rob, que terminará saldando finalmente la deuda.

Genial película con dos ingredientes principales: el honor y el amor, con un héroe y un villano esbozados de una manera sublime. En ciertas escenas es inevitable que salten las lágrimas.

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