viernes, enero 18, 2008

Las semillas que no crecen

El corazón es como un campo recién sembrado. Las semillas van creciendo poco a poco, unas más fuertes, otras más débiles. Unas crecen bajo nuestra observación, otras crecen tan rápido que no podemos hacer nada por minimizar su crecimiento.
Alguna no queremos que crezca, y por eso la podamos varias veces al año, con lo que estamos participando en la formación de algo duradero con el tiempo. Es el caso de la semilla del amor, incontrolable.
Otras semillas arraigan con el paso de los años, algunas se perderán. Las buenas perdurarán. Son las amistades que vamos haciendo poco a poco y con el acontecer de los años.
Unas pocas siempre han estado ahí, desde antes de que naciéramos. Por ellas pueden pasar huracanes, incendios y miles de catástrofes que son demasiado fuertes para que mueran. Corresponden con los lazos familiares.
Y hay semillas que no crecen nunca, bien porque ponemos todo el esfuerzo en que no lo hagan, bien porque está escrito que se queden ahí. Una es la semilla del odio. Tampoco dejaré crecer a la semilla del rencor...

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