
Le echo un poco de menos. Seguro que ayer estaba por ahí y no me lo encontré, porque no salí. Echo de menos mirar esos ojos y descubrir tanta dulzura, contemplar su sonrisa y sentir que todo es perfecto, escucharle y sentir esa placidez casi ultraterrena. He perdido la cuenta de los días que llevo sin verle.
Anoche necesitaba dormir; tenía cargados los ojos y la nariz. Para mí que quizás fuera algo parecido a una alergia, porque hoy ya sólo quedan unas leves secuelas… a no ser que esté pasando a la garganta.
Voy a pensar en ese ángel. Ya tengo el pijama, pero daría cualquier cosa por ir a pasear ahora con él, por las calles vacías, serenas, tranquilas... y contarle mi fin de semana y pedirle que me cuente una historia.
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