
Me han invitado el domingo a pasar el día a Arnedo y mi pensamiento ha sido: "Los domingos los dedico a suspirar (de amor)". Realmente he declinado la invitación diciendo que el domingo prefiero holgazanear y, en todo caso, tomar un café tranquilo a media tarde.
Es que en los domingos pienso mucho en él y, sobre todo, cuando tengo un aliciente, como ocurrió el último domingo. Que sonreía y suspiraba a partes iguales.
Es la magia que sólo puede brindarte un ángel.
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