
Me pregunto si realmente sentía la lluvia en mi piel o si me importaba más que él se mojase o no, o que su chaqueta se mojara.
La imagen de estar mojándome con él bajo la lluvia es idílica. Algunos lo denominarían "romántico". Romántico sería si le hubiera besado y, en ese instante en concreto, no era por falta de ganas.
No me dio tiempo a pensarlo.
Siempre que está él, siento la necesidad de alargar el momento, alargarlo porque me aterra que llegue el instante en que tenemos que despedirnos hasta la próxima vez. Esos momentos tienen una intensidad terrible, pero luego son efímeros, porque tanto disfruto cuando está él presente que el tiempo pasa velozmente. Tendré que acudir al refranero popular que tanto atina en sus lecciones morales: "Lo bueno, si breve, dos veces bueno". Tendrá que ser así...
Cada día me gusta más. Siempre descubro en él cosas nuevas. Y cuanto más le conozco más le quiero...
El de la lluvia es un magnífico recuerdo para llevármelo al mundo de los sueños. Son casi las dos. Debería estar durmiendo.
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