domingo, octubre 10, 2010

Anoche encontré la magia

Ayer llegaba a casa poco más tarde de las cuatro. Me puse a escribir, pero no publiqué mis palabras. Hoy, ya más despejada, puedo ignorar las últimas emociones.
Ayer fue una de esas noches que echaba de menos, quizás porque hacía mucho tiempo que no compartía tanto tiempo con él. El hecho de vernos casi a diario, creo, hace que me sienta más relajada, que ya no me tiemble la voz, que sea capaz incluso de mirarle fijamente. Y soy consciente de que ayer le miraba, sólo que cuando él notaba que le estaba mirando volvía los ojos hacia mí y entonces yo miraba hacia cualquier punto del horizonte.
Ayer noté que él da algo más de sí, sin dar mucho, pero está más abierto. Recuerdo retazos de conversaciones. Y ayer hablamos mucho, con la diferencia de que, por una vez, incluso yo me callaba. Ya no me ponía a hablar de cualquier cosa como escudo protector, sino que dosifiqué mis palabras. Preguntaba sobre lo que quería saber, escuchaba o me limitaba a observar a la gente. Y a él. El hecho de que las palabras no se amontonen en mis labios como otras veces me lleva a pensar en que me encuentro relajada con ellos. Me siento a gusto con él y soy consciente de que disfruto de ese momento, de que observo su pelo y veo que me encanta, de que miro sus ojos y encuentro en ellos todo lo mejor del mundo, de que siento impulsos de acariciarle ese rostro angelical y recuerdo que ayer le hubiera dado un millón de besos (o más).
Pese al final. Estaba y, de repente, había desaparecido. Ese último momento me descolocó un poco.
Sin embargo, recuerdo el resto de la noche y me encuentro con ese ángel encantador. Es tan dulce...

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