
Tenía ganas de que llegara un viernes por la tarde, sin preocupaciones laborales o de otro tipo, para poder dedicarlo por completo a ese ángel de mirada perfecta. Seguramente caerá una siesta, aunque ahora, por el momento, yo creo que me iré a tomar una caña y luego a lavar el coche.
El caso es que me agradan las tardes de los viernes. Porque son tardes que, si no tengo otras cosas que hacer, las dedico por completo a mí, y a mis pensamientos y, por supuesto, a mis sueños. Y mis sueños son mágicos porque casi siempre aparece esa persona tan especial.
Cierro los ojos y me encuentro con esa sonrisa tan dulce. Cada día está más guapo.
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