jueves, octubre 07, 2010

Un árbol de cien años

Imagino un frondoso árbol, un roble en concreto, fuerte, vigoroso, milenario, de magnífica madera, duro, un árbol al que le cuesta crecer más que a otros árboles, que tienen que pasar muchos años para poder admirarlo en todo su esplendor.
Podría imaginar cualquier otro tipo de árbol (hay un sinfín), pero esta noche me quedo con el roble añejo, porque la fuerza de mis sentimientos es equiparable a la fuerza de un roble. Para sentir lo que siento en la actualidad han tenido que pasar muchas horas, muchos días, muchas semanas, muchos meses... se han creado muchos anillos nuevos. Nuestro tiempo no puede medirse de la misma forma que el de los árboles, que son centenarios. No fue algo que ocurrió de un día para otro, sino poco a poco, minuto a minuto, emoción tras emoción, mirada tras mirada, contacto con tacto. Hasta que llegué a sentir algo tan intenso como indefinible. Me toco el corazón y siento la dureza y la fuerza de mis sentimientos hacia él.

Como el viejo roble.

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