
Me gustaría verle sonreír... siempre. Y, si algún día le viera triste o serio, daría cualquier cosa por hacerle yo misma sonreír. Su sonrisa es enigmática y misteriosa, pero a la vez reconforta y tranquiliza. Cuando sonríe hace que sientas el calor de un millón de estrellas en tu corazón y el revoloteo de miles de mariposas de colores en tu estómago. Su rostro se ilumina cuando brinda una de sus sonrisas perfectas.
Yo creo que su sonrisa es mágica.
Algún día le tendré que decir que nunca, nunca, nunca deje de sonreír.
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