A veces... no hay palabras para describir todas las sensaciones, todas las emociones... Será una de las pocas veces que no estoy derrochando palabras, que me limitaba a observar el ambiente o miraba a sus ojos perfectos, para desviar la mirada hacia otro lado cuando él se daba cuenta.
Pero, ¿y al final? Estaba y, de repente, no estaba.
Algo falla y, al pensarlo mientras venía a casa, sentía que se cegaban mis ojos por lágrimas prontas a salir. Quizás hoy llore. Es que hoy he sentido que algo no funciona. Que no puede ser lo que no es. Lo noto al sentirme tan relajada, al atreverme a mirarle fijamente aunque luego, cuando él se daba cuenta, mirara hacia otro lado. Y, a la vez, noto que él da algo más de sí sin dar mucho. Necesito algo más que aire. Y esto sólo es aire.
Es una perpetua contradicción. No sé. Quizás mañana lo vea todo de otro color. Ha sido maravilloso compartir tanto con él, ha sido magnífico tocarle de nuevo, pero...
Le hubiera besado mil veces esta noche. Mil o más. Es encantador.
Tengo miedo. Tengo miedo por si llegara un día en que dejara de creer en él. Siento que las dudas se ciernen sobre mi cabeza y me aguijonean el pecho.

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