
Iba por la calle y me miraba las manos. Mi amiga Marlène se pasaba horas tocándomelas. Decía que le gustaban. Siempre me reía y le decía: "¿No ves que me muerdo las uñas?". Me ha entrado una ternura increíble al pensar en una de mis mejores amigas de la universidad.
De repente, pensaba en lo que podrían tocar estas manos. En el deseo irrefrenable de aprenderse los secretos de otra piel. Y de nuevo estaba sonriendo, pensando en esa persona tan especial, que siempre hace -incluso cuando no le veo- que los días sean mejores.
Es hora de tomar un café.
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