
Ayer necesitaba leer algo suave, para hacer una pausa con la cruel realidad que estoy leyendo en la actualidad, por eso elegí a Paulo Coelho. Muchas veces, sus palabras me hacen reflexionar sobre las paradojas de la vida. La lección moral que me ha dado el libro es que estamos aquí para luchar y no para aceptar nuestro destino sin hacer nada.
Es una historia atípica en este autor, porque escoge uno de los libros de los profetas de la Biblia y lo va desarrollando según cómo pudo haber ocurrido en la realidad. El profeta en cuestión es Elías.
Elías tiene que salir de Israel cuando el rey Ajab se casa con la bella Jezabel, la reina que había llegado de tierras fenicias (Líbano) e intentaba imponer al pueblo la fe en sus dioses (Baal y otras divinidades menores). Los mensajeros del Dios de Israel se manifiestan a través de los profetas y así es como Elías acude al rey y le amenaza diciendo que no debe olvidarse del Dios verdadero. Jezabel, que está presente, decide exterminar a todos los profetas. Pero Dios salva a Elías y le envía a la ciudad fenicia de Sarepta (que los fenicios llaman Akbar). Le obligan a subir a la Quinta Montaña, donde habitan los dioses, pero allí se le vuelve a aparecer el ángel enviado por Dios y le transmite lo que va a ocurrir. Akbar será destruida y sólo Elías con el hijo de la viuda podrán reconstruirla de sus cenizas. En cuanto haya aprendido a reconstruir, volverá de nuevo a su tierra, Israel.
"Un guerrero es siempre consciente de aquello por lo que vale la pena luchar. No entra en combates que no le interesan, y nunca pierde su tiempo en provocaciones.
Un guerrero acepta la derrota. No la trata como algo indiferente, ni intenta transformarla en victoria. Se amarga con el dolor de la pérdida, sufre con la indiferencia y se desespera con la soledad. Pero después de que pasa todo esto, lame sus heridas y recomienza todo otra vez. Un guerrero sabe que una guerra está compuesta por muchas batallas. Y sigue adelante.
Las tragedias ocurren. Podemos descubrir la razón, culpar a los otros, o imaginar qué diferentes habrían sido nuestras vidas sin ellas. Pero nada de esto tiene importancia: ya pasaron. A partir de ahí tenemos que olvidar el miedo que nos provocaron e iniciar la reconstrucción".
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