
Aunque me han traído una nueva pantalla, he optado por quedarme en el ordenador que he encendido esta mañana. Aunque el sol no da directamente, ilumina radiante la calle. Aunque engaña, porque en realidad hace frío.
Me encantaría tumbarme con él en cualquier azotea y dejar que el sol dé directamente en mi cara, para inclinar la cabeza hacia él y sonreír de felicidad. Y decirle todo con esa sonrisa sin necesidad de pronunciar nada en voz alta.
Es una tarde para soñar.
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