
Le he visto pasar y no iba solo. Cuando he saludado, ya había pasado, así que es muy posible que no me haya visto.
Y después... me he vuelto a acordar de él.
El perro me mordió el enchufe de un alargador este fin de semana, así que he ido a comprar otro. Entonces he pasado por el bar donde nos encontramos el fin de semana, el mismo bar donde nos conocimos, el mismo bar que siempre me trae su imagen, que siempre me hace revivir aquel día tan remoto. Recuerdo a la perfección aquella noche. Ya sentía una atracción magnética por él, pero ¡quién iba a pensar entonces que iba a llegar a sentir esto que siento!
Aquel bar... la primera vez que le miré a los ojos, la primera vez que escuché el timbre de su voz, la primera vez que le vi sonreír...
¡Quién iba a pensar entonces que esa persona me brindaría tantas alegrías al cabo del día, que ese ángel iba a dar sentido a mi vida!
Y cada minuto que pasa le quiero un poco más.
En ese bar hay un panel impresionante de una ciudad de noche. Creo que es Nueva York y creo que es el puente de Brooklyn.
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