martes, octubre 12, 2010

Alberto Vázquez-Figueroa


Como voy a empezar a leerme un libro del autor, he optado por hacer un recordatorio de todo lo que me he leído de él, y es mucho. No en vano se ha convertido en uno de mis autores españoles favoritos. Me fastidia no tener el blog desde mucho antes para poder haber comentado sus historias cuando estaban frescas. Para mí, este periodista canario es un marinero en tierra, un pirata de las letras, un historiador nato.
Me encontré con él por casualidad en 1996, justo una década antes de empezar este blog. Me gusta porque combina en sus libros mis temas favoritos: piratas, historia contemporánea y de las conquistas y unos personajes sublimes y a veces muy peculiares.
Me gustan sus títulos cortos, por lo general englobados en una única palabra que define el libro al completo. Con leer ese título ya sabes lo que hay dentro de sus páginas.
Dejando aparte los dos últimos libros que me leí de él y de los que sí pude hablar en el blog (Alí en el País de las Maravillas y Tuareg) y que obviamente no voy a comentar, porque ya lo hice en su momento, empezaré explicando cómo pude convertirme, en cuestión de poco tiempo, en admiradora de Vázquez-Figueroa.
A pesar de que tenía varias novelas del autor en casa, no me atraían. Quizás porque siempre me ha dado algo de pereza empezar un autor nuevo, porque no sé lo que me voy a encontrar, y creo que es mejor lo malo conocido… Entonces llegó mi hermano y me entregó el libro que se acababa de leer: Piratas. Me atraía mucho el título, pero en cuanto abrí las páginas y leí un poco me desinflé y lo tuve un tiempo cogiendo polvo en una estantería. Y es que Vázquez-Figueroa alarga mucho la acción, de tal manera que a veces puede llegar a aburrir. Realmente es más periodista que escritor, así que nos encontramos ante un novelista que escribe sus novelas con las reglas del periodismo. Por eso, a veces se hace un poco pesado: sólo hay que imaginar una historia de acción de piratas como si estuvieses leyendo una noticia en un periódico. Yo prefiero diferenciar esa línea. Hay otro autor español en cuyas novelas también es algo difusa esa línea entre periodismo y narrativa, que no es otro que Arturo Pérez-Reverte, pero eso se nota mucho más en Alberto Vázquez-Figueroa.
Lo que está claro es que Vázquez-Figueroa es uno de los escritores más prolíficos en lengua castellana. Tiene tal cantidad de novelas publicadas en vida que incluso yo misma posiblemente me deje en el tintero alguna de las que ya han pasado por mis manos. Porque es obvio que en el momento en que entré en contacto con este autor y con la vasta producción literaria que tiene, también he leído muchos libros de él. Es una pena, repito, que tenga que acudir a los rincones más alejados de la memoria para traer aquellas lecturas de este autor que cayeron en mis manos desde 1996 a 2006.


Piratas sería el primero. Recuerdo el momento concreto en que lo leía, mientras acumulaba cerca de mí infinidad de periódicos de nuestro país y alternaba los capítulos del libro con las noticias de actualidad que tenía que seleccionar para realizar un enorme dossier de prensa.
Piratas me gustó muchísimo (y eso me impulsaría a seguir leyendo otras obras del mismo escritor). De hecho, creo que ese primer libro que leí (que no por ello es el primer libro que escribió) del autor es uno de los que más me gustó. Por una parte era el tema de los piratas, que desde siempre me ha atraído. Sebastián Heredia es un joven buscador de perlas, español afincado con su familia en el Caribe, a quien las circunstancias del destino le conducen hasta el barco del temido Jacaré Jack. Termina convirtiéndose en pirata y acabará engrosando una enorme fortuna. Los combates en alta mar, los peligrosos juegos de intriga, el destino de una familia de españoles afincada en el Caribe en la época de la trata de negros y la corrupción generalizada de las autoridades coloniales constituyen el transfondo de una trama trepidante.


Después cayeron en mis manos algunos libros sueltos de la saga de Cienfuegos, pero como siempre he optado por contar con todos los volúmenes de una saga antes de empezar a leerla, esperé hasta hacerme con toda la serie. Entonces eran seis, pero ahora sé que hay un séptimo libro, que salió en el nuevo milenio. Y, mientras me iba haciendo con la saga de Cienfuegos, Vázquez-Figueroa sacó a la luz la continuación de Piratas, que se titulaba Negreros.

No me entusiasmó tanto como el primero, quizás porque el tema de los barcos negreros difería bastante del tema tratado en el libro anterior. El argumento trata de la historia de Celeste Heredia (hermana de Sebastián Heredia, protagonista de Piratas) que quiere seguir los pasos de su hermano y, para ello, toma las riendas de un buque cuyo objetivo es terminar con el tráfico de seres humanos, por lo que atacará cualquier barco negrero que encuentre a su paso y devolverá la libertad a los presos.
En pleno siglo XVIII y con los beneficios que este mercado suponía, esta fría mujer de nombre Celeste se erige como bastión de los derechos humanos y no dudará ni por un instante en adentrarse en el corazón de África para acabar con el macabro negocio del rey de Níger.


Para leerme el tercer volumen de esta serie aún tendría que esperar unos años, y en esa espera leí otros libros del autor que tocaban otro tipo de temas. El tercer libro de la saga era León Bocanegra.
La trama de esta novela tiene como protagonista a un capitán de barco, el capitán Bocanegra, que navegará por las costas de África, donde su barco encallará y su tripulación será convertida en esclavos. Apresados, son conducidos como esclavos cruzando toda África. Es fácil comprender que este argumento es la otra cara de la moneda con respecto a la novela de Negreros. Los hombres del capitán Bocanegra son encadenados, vendidos, violados y degradados, convertidos en esclavos en medio de las más míseras condiciones humanas. Los más afortunados morirán, mientras que los que sobrevivan terminarán en unas salinas donde serán obligados a realizar trabajos forzados en las más inhumanas condiciones. Al final, sólo sobrevivirá León Bocanegra. Por la noche saca sal, siempre con los ojos vendados, porque la sal se come los ojos, y durante el día intenta dormir. Nunca come carne porque es consciente de que, si lo hiciera, podría estar comiéndose a alguno de sus compañeros.
Pasan muchos años hasta que uno de sus hombres decide escapar de la salina, pero terminará muriendo a su lado. Es el momento en que el capitán Bocanegra idea un plan para escapar de allí. Es obvio que este personaje tiene una gran fuerza psicológica. Me encantó.


Incluso deseé que Vázquez-Figueroa sacara más libros de la saga. Y cuando llegó a mis manos Tiempo de conquistadores, creía que era de la misma saga, pero no es así. El mismo título nos muestra que el argumento tratará de las conquistas, otro de los temas más tratados por el autor.
Éste es uno de los libros de Vázquez-Figueroa que menos me gustó, quizás porque tiene mucho argumento y poca acción (la historia de una historia, narrada siempre por la percepción de una persona que está postrada en cama). Es la historia de una narradora excepcional, Catalina Barrancos, una anciana a las puertas de la muerte que decide contar su ajetreada vida llena de peripecias a su hija. Catalina era una sevillana de familia pobre que un día decide emigrar al Nuevo Mundo para empezar una nueva vida. Al llegar, conoce al que será su marido y, juntos, deciden abrir una taberna que se convertirá en próspera. Catalina, desde su lecho de muerte, relata cómo en aquella taberna conoció a la mayor parte de los célebres conquistadores del Nuevo Mundo: a los hermanos Colón, Pizarro, Hernán Cortés… Cuando su marido es asesinado, ella se convierte en una empresaria que terminará sacando el negocio adelante.

La saga de Cienfuegos también trata el tema de las conquistas. Reconozco que el autor cambió mi punto de vista sobre Cristóbal Colón, al que presenta como un personaje interesado, un reyezuelo en el Nuevo Mundo al que tanto colonos como indígenas odiaban.

La saga de Cienfuegos narra las aventuras de Cienfuegos, un personaje que vivió en los siglos XV y XVI. Cienfuegos, cuyo nombre real se desconoce, es el apodo que se le da a un joven canario por el color de su cabello, de un rojo como el del fuego, herencia de su padre, gobernador de la isla de Gomera. Cienfuegos, sin embargo, no es un señorito, sino que es un bastardo que se dedica a cuidar cabras. Su vida transcurre monótona y apenas tiene contactos sociales. La llegada de un nuevo señor a la isla transformará el mundo de Cienfuegos, que tras su relación amorosa con la nueva señora, tendrá que huir de la isla. Termina navegando en la Marigalante (más conocida como la Santa María) y acompañará a los marineros que buscan una nueva ruta bajo las órdenes de Colón.
Tras una agotadora travesía en barco, donde Cienfuegos no sólo aprenderá a leer y escribir, sino también el vicio de los naipes, llegarán a San Salvador, donde los indígenas les reciben con los brazos abiertos. Como no hay allí oro, Colón manda embarcar de nuevo y llegarán a Cuba, donde tampoco encontrarán tan preciado metal. La Pinta desaparece a manos de Martín Alonso Pinzón y Colón provoca un accidente en la Santa María, que les obliga a quedarse en San Salvador, que ellos denominan como “Fuerte de la Natividad”.
Las tensiones entre los nuevos colonos y los nativos van en aumento. Recuerdo que las ejecuciones de los nativos, a quienes habían esclavizado, eran muy sádicas… como si no fueran más que animales. Quiere la casualidad que Cienfuegos se mantenga neutral, al ser el que mejor comunicación mantiene con los isleños. Junto a dos compañeros, buscarán un lugar adecuado para asentarse. Se encontrarán con un peligro inminente: los caribes, un pueblo caníbal que viene a la isla a cazar seres humanos. Los dos compañeros de Cienfuegos perderán la vida a manos de los caníbales, pero Cienfuegos consigue escapar y advertir a los habitantes del "Fuerte".


Caribes es la segunda parte de la saga que enlaza magistralmente con el volumen anterior. Caribes narra la odisea vivida por Cienfuegos cuando Colón regresa a España, abandonando el "Fuerte de la Natividad" a su suerte, con un contingente de 39 hombres.

En otoño de 1493 un violento huracán arrasa la isla de Haití. Los sanguinarios guerreros del cacique Canoabó se encargan de rematar la obra iniciada por la naturaleza, asesinando despiadadamente a los pocos españoles que habían sobrevivido al desastre. Cienfuegos consigue, de nuevo, salvar la vida, gracias a la ayuda de Sinalinga, una indígena que dará a luz un hijo de Cienfuegos. El joven canario y maese Benito de Toledo, otro de los supervivientes, deciden alejarse de allí. Los dos hombres habían construido un barco en secreto, temerosos de la presencia de los caribes en la isla. Sin embargo, serán hechos prisioneros por un grupo de mujeres caribes, desconociendo que la escuadra de Colón se encuentra muy cerca de donde ellos padecen sus sufrimientos a manos de las mujeres caribes.
A bordo de uno de los barcos llega la bella Ingrid, la mujer que motivó que Cienfuegos abandonara su isla natal. El joven canario sobrevivirá en un mundo hostil.


La tercera entrega de la saga es Azabache. Cienfuegos se embarca como grumete en el São Bento, un navío portugués al mando del capitán Eu, un cruel personaje que provoca terror en su tripulación. La vida de Cienfuegos pende de un hilo. Herido y hambriento, Azabache, una joven negra dahomeyana, se encargará de curarlo y alimentarlo. Cuando el temible Eu cae en desgracia, los dos jóvenes escapan y atraviesan un territorio exótico y desconocido. Se terminan uniendo a una extraña tribu de hombres blancos liderada por el misterioso Yakaré. Azabache queda embarazada de Yakaré y, para asegurar la vida de su hijo, debe cumplir unos arriesgados rituales en las cumbres heladas de las montañas. Cienfuegos la acompañará en este difícil trance.
En otro punto del Nuevo Mundo, Ingrid, la amante de Cienfuegos, se ha instalado con los españoles y ha adoptado al hijo mestizo de Cienfuegos. En medio de un mundo de intrigas y sobresaltos, no está dispuesta a abandonar la búsqueda de su amante.
En España, mientras tanto, se prepara una nueva expedición al Nuevo Mundo, con el fin de explorarlo a fondo y descubrir las riquezas más preciadas.


El cuarto libro de la serie es Montenegro. Azabache y Cienfuegos se encuentran en la montaña blanca, sufriendo enormes penalidades a manos de los primitivos mutilones.
Mientras, Ingrid, movida por su amor apasionado, se hace llamar Doña Marina Montenegro y ordena construir el barco más moderno de esa orilla del océano, el Milagro. Contrata una expedición para recorrer los mares en busca de su amado Cienfuegos.
También ha cruzado el océano tras Ingrid, su esposo el Vizconde de Teguise, que quiere limpiar su honor y su nombre, pero será nuevamente humillado por el Cienfuegos.
Los amantes se reencuentran finalmente y viven una tranquila etapa de amor y felicidad, etapa que será breve por la interrupción de la Inquisición, cuyas alas se abatirán sobre la pareja.


El siguiente libro de la saga es Brazofuerte. Acababa el volumen anterior con la llegada de la Inquisión al Nuevo Mundo. Cienfuegos, un hombre que se ha enfrentado a las más terribles tragedias, que ha echado varios pulsos a la muerte saliendo victorioso, se encuentra ante un trance inesperado: la Inquisición. Personificada en Fray Bernardino de Sigüenza, un personaje repulsivo y muy inteligente, la Inquisición encuentra en Ingrid Grass la víctima perfecta. Ingrid será acusada injustamente de practicar brujería. Es detenida y conducida a una tétrica fortaleza. En este momento, se origina un desesperado duelo verbal entre el inquisidor y la presunta bruja, que lleva en su vientre al hijo de Cienfuegos. El canario emprende un plan para liberar a su amada de las garras de la Inquisición. La intervención de variados factores políticos ayudarán a Cienfuegos a encontrar una solución a esta dramática situación.


Cuando terminé de leerme la saga con la última entrega hasta entonces, Xaraguá era el sexto volumen de Cienfuegos. En 2006, Vázquez-Figueroa publicó Tierra de bisontes, que sería, hasta ahora, el último libro de la saga. De momento no me he leído el séptimo, pero seguramente que algún día caerá.


Xaraguá es el paradisíaco lugar donde viven apaciblemente Cienfuegos, Ingrid y el hijo de ambos personajes. Viven bajo la protección de la princesa Anacaona, mujer inteligente y agresiva si tiene que defender sus libertades e intereses. Xaraguá se tendrá que enfrentar al gobernador español fray Nicolás de Ovando, que está dispuesto a ejercer, al precio que sea, el control absoluto de toda la isla La Española. Es inevitable el enfrentamiento entre españoles e indígenas.


En esa época me había llegado, a través del Círculo de Lectores, el libro del mes, que era uno de Vázquez-Figueroa titulado La ordalía del veneno. Leí un poco la contraportada para saber de qué iba y opté por dejarlo en un estante cogiendo polvo, hasta que un día opté por leerlo. Es, con diferencia, el libro del autor que menos me ha gustado. Quizás porque era un tema atípico. El protagonista es un catedrático jubilado que tiene la ocurrencia de sustituir la energía eléctrica que gastan las plantas tradicionales en propulsar el agua del mar a las membranas que la desalan, por la fuerza de la gravedad. Me pareció una hipótesis científica bastante pesada.

A partir de aquí, los libros de Vázquez-Figueroa caían a pares (y digo esto porque realmente me los compraba de dos en dos). Compré Bora Bora y Ciudadano Max juntos, aunque este último no lo he leído. Algunos libros del autor siguen rondando por casa esperando su turno para que los coja.


Bora Bora narra la tranquila vida de un pueblo polinesio situado en el Pacífico Sur, alterada por la incursión de unos bárbaros cuya procedencia se desconoce, atacan la isla y raptan a la princesa de la isla y otras jóvenes. El poblado organiza una asamblea para decidir qué hacer y optarán por construir un enorme catamarán para ir a rescatar a su princesa.


Poco tiempo después también me compré otras dos novelas del autor: Fuerteventura y Palmira. Aquí sí que me las leí las dos y, además, seguidas. De hecho, empecé con Palmira, que me parecía la menos entretenida de las dos, ya que el tema que tocaba Fuerteventura es una temática que me atrae mucho: el espionaje durante la IIª Guerra Mundial.


Palmira cuenta la historia de Palmira, una mujer casada con Omar Monteverde. Este hombre es un multimillonario chileno cuyo máximo objetivo es quitar a Pinochet del poder. Palmira y Omar tienen tres hijos: Celeste, Violeta e Ismael.

Andrea, amiga del matrimonio, es invitada a una excursión en yate. Consecuencia de los excesos y la depravación del dinero y el lujo, Palmira se adentra en la droga y contrae el SIDA. Su degeneración física (hablamos de los años 80) hace que se oculte en el yate de un viejo amigo, un multimillonario ecuatoriano, que se encuentra anclado en la Costa Azul. Ante la desaparición de su esposa, Omar contrata un detective para que la encuentre, mientras intenta ganarse el afecto de Andrea.


Fuerteventura utiliza una base real: la utilización de la isla canaria de Fuerteventura por los alemanes como lugar de reposo para los oficiales de los submarinos durante la IIª Guerra Mundial. Es una novela de espías y es una novela fantástica.

El servicio secreto inglés, conocedor de esa noticia, decide infiltrar a una judía alemana como prostituta en la isla. La entrenan en toda clase de artes, sobre todo en el lenguaje corporal (y sexual). Le encomiendan la ardua tarea de descubrir el nuevo prototipo de submarino que tienen los alemanes y conocer la ubicación exacta. Lo que no pueden controlar, empero, es que ella pueda llegar a enamorarse de un oficial alemán, como ocurre en el libro, y tendrá que elegir en qué bando está.

En otro momento de recorrido literario por librerías, me traje a casa Sicario y Viracocha. También en esta ocasión me leí los dos seguidos y, de la misma manera, empecé por el que pensaba que me resultaría menos entretenido.


Viracocha habla de las aventuras de un soldado natural de Úbeda, Alfonso de Molina, que forma parte de los “Trece de la Fama”, que desembarcaron en Perú con Pizarro. Curioso por las costumbres de los incas, decide quedarse para conocer a aquellas gentes y sus tradiciones, mientras los incas del Imperio del Sol creen que se trata de Viracocha, el dios barbudo y blando que regresaría del mar con un “Tubo de Truenos” (así llaman al arcabuz del español).



Sicario, finalmente, es uno de los libros que más me ha impactado. Se trata de un chico que nace en los bajos fondos de Bogotá, de madre prostituta y alcohólica, crece en la calle y las compañías le llevan a convertirse en un sicario. Es muy fuerte en ciertos momentos, por ejemplo, cuando se describe el primer asesinato. A mí me impactó mucho.


Con todos los que tiene y los que seguirá publicando, seguramente tendremos mucho Alberto Vázquez-Figueroa aún. Es un escritor que me gusta mucho. Reconozco que tiene novelas que no merecen la pena, que son las mínimas, pero las tiene, y luego novelas que se disfrutan mucho. Espero que Garoé merezca la pena.

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