sábado, octubre 09, 2010

En cada estrella

Me gusta mirar a las estrellas, porque siempre me recuerdan a él. Cada noche, cuando miro al firmamento, su imagen angelical aparece envuelta en un magnífico halo de perfección. Le veo en cada estrella. Miro allí arriba y le sonrío, como si mi sonrisa pudiera llegar a él. Y le siento más cerca. Siento que me acaricia con su brillo y cierro los ojos deteniendo ese instante, deseando que no acabe nunca, evitando que se diluya en el tiempo. Me gusta esa sensación, sentir que está ahí arriba, sentirme reconfortada al mirar a las estrellas que me hacen pensar en esa persona tan especial.
Siento esa luz propia que le caracteriza, esa luz propia que nunca se apaga, que tiene un brillo perpetuo, que traspasa el tiempo y el espacio para llegar hasta mí y producir tenues reflejos en mi piel y en mi corazón.
Cada noche, cuando miro al firmamento, busco una estrella que brille más que ninguna otra y me acuerdo de él.
Seguiré mirando al cielo, surcaré con mis pupilas ese infinito manto estrellado y le seguiré buscando en esa inmensidad. Y siempre le encontraré allí arriba y le sentiré más cercano. Él siempre brillará con una luz especial.

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