
Por mucho que sea una persona de letras, que adore la literatura y que a veces, sólo a veces, haga juegos malabares con las palabras, a veces me resulta imposible describir ciertas emociones. No es que no me sienta capaz, es que es radicalmente complejo describir un sentimiento, porque un sentimiento se siente, sin más. Me puedo acercar un poco a través de las palabras, pero incluso en ese momento siento que no es completa esa descripción.
Podría escribir mucho de la noche pasada, pero sé que no estaría utilizando las palabras adecuadas, porque aún no se han inventado las palabras para describir lo que veo en sus ojos cuando me mira, lo que me reconforta su sonrisa cuando se ríe, lo que me agradan sus pensamientos cuando habla con esa voz tan sugerentemente sensual...
En el momento en que apareció, para mis ojos sólo estaba él, aunque estábamos rodeados de gente, sólo existía la dulzura de sus palabras, el calor de esa mirada, el contacto cuando comprobé, con algo de descaro, la ropa que llevaba debajo (estaba guapísimo)... En ese instante se congeló el tiempo. Y me hubiera pasado horas así, con él, hablando de todo, perdiéndome en esa mirada que tanto me magnetiza, imaginando sus historias...
Sigo pensando en que no se pueden describir las emociones, por más que intente acercarme a ellas a través de las palabras.
A veces esto de no poder describirlo con palabras me recuerda a una fotografía, porque podemos estar ante un monumento magnífico, sublime, titánico, pero la fotografía nunca plasmará la grandeza que ven nuestros ojos al hacer la foto, al contemplar esa inmensidad.
Mi hermano me enseñaba esta tarde las fotos de Egipto. Yo veía una presa sin más. Él estaba viendo la presa que contemplaron sus ojos. Me ha dicho: "Las fotos no le hacen justicia, era como si estuvieras ante mar abierto".
Llevo ensimismada todo el día. Debería ir a dormir, aunque ciertamente no tengo sueño. Es pronto para ir a dormir.
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