martes, octubre 19, 2010

¿Dónde está mi tiempo?

Me voy a tomar un café, pese a que falta un minuto para las cuatro y he puesto un horario en la puerta. Lo que no me parece normal es que se presente un señor aquí hace media hora o que llamen por teléfono a horas intempestivas.
Llevo unos minutos pensando en él y me siento más animada.

A veces esto me agota, porque a veces me da la sensación de que no termino de desconectar nunca. Por eso quiero irme a vivir por mi cuenta. Creo que aún nadie comprende que, aunque es un hecho que me guste viajar, no siempre me apetece hacerlo. Me voy a Polonia porque es una vía de escape y porque, si me quedo aquí, no serían vacaciones, al menos no tal y como yo las concibo, porque no desconectaría. Sólo la gente que me conoce sabría realmente el motivo de esa no-desconexión. A veces, me gustaría poder quedarme tranquilamente en casa viendo una película y disfrutar de un día sin hacer absolutamente nada (como afortunadamente ocurre muchos de los sábados que tengo libres). Si por mí fuera, no me iría de viaje al extranjero en el mes de noviembre, sino que dedicaría esa semana a holgazanear en todos los sentidos.
Es que aún me acuerdo el día que estaba visitando la casa de Rubens en Amberes y me llamaron por motivos de trabajo (al móvil personal). Era una persona lo suficientemente cercana a mí como para que tuviera mi móvil, pero no comprendo cómo no llamó al número que le había llamado con anterioridad. Y eso que estaba lejos.
Si eso ocurre estando en Bélgica, se multiplica por mil si me quedara aquí o me fuera a algún lugar cercano.
Me satura también que no pueda marcharme este fin de semana con mis amigas a León porque tengo una reunión que no puedo cambiar de ninguna manera. Y el caso es que, si lo pienso fríamente, sé que esto puede ocurrir muchos otros fines de semana. He hablado con una compañera para explicarle esta situación y hemos quedado en que nos haríamos favores mutuos en este aspecto. De todas formas, el sábado tengo que ir y al viaje de León ya dije que no podía. No se trata de este fin de semana, sino de muchos otros que están por llegar. Para éste ya me he mentalizado.
Es cierto que también mi situación implica muchos momentos buenos, pero la balanza no se compensa. Pierdo más de lo que gano. Y no me refiero a motivos como el económico, sino al tiempo. Porque el tiempo perdido es irrecuperable. A veces tengo la sensación de que no tengo tiempo para mí y es que en realidad hay muchos días que ocurre eso. Eso es algo que me atormenta.

Estoy agotada, y no es un cansancio físico. Si fuera físico se podría arreglar durmiendo plácidamente esta noche.

Me gustaría compartir todo esto con esa persona tan especial, apoyar mi cabeza en su hombro y mecerme en la dulzura de sus palabras. Sé que realmente no lo haría, porque desafortunadamente la energía negativa de una persona es contagiosa y no me gustaría contagiarle esta especie de pesimismo. Al pensar en su imagen angelical, he llegado a sonreír.

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