El EPIC o Museo de la Emigración (The Irish Emigration Museum) es un edificio situado en el CHQ Building, un almacén de té, licores y tabaco de 1820. Veinte galerías interactivas dan vida a la historia de la diáspora de 10 millones de irlandeses, que muestra por qué se fueron y dónde terminaron. También hay un moderno centro de genealogía para aquellos que investigan sus raíces irlandesas (sí, porque a mí no me encontraron mis raíces).
Al entrar te entregan un pasaporte que se va sellando en las diferentes salas. De Irlanda han emigrado a otros países en tres grandes oleadas, la última en los años 2008-2009. Y es interesante, porque Irlanda es un país de donde más gente emigra buscando nuevas oportunidades en el exterior, preferiblemente en Estados Unidos.
En la entrada hay una baliza luminosa, que está encendida desde 2016 como señal por los 70 millones en todo el mundo que dicen tener ascendencia irlandesa. Siguiendo una tradición de la que se sienten muy orgullosos y que inició la primera mujer presidente de Irlanda, Mary Robinson.
Durante miles de años Irlanda ha sido moldeada por la migración; oleadas de emigrantes, una tras otra, han llegado y se han marchado, pero la migración irlandesa no es una larga historia de dificultades y sufrimiento, más bien es una historia única sobre cómo las gentes de una isla tuvieron un impacto en el mundo y sobre cómo la migración ha dado forma a lo que significa ser irlandés.
En el centro de la primera galería hay una instalación que representa a Irlanda, su paisaje y su entorno. Irlanda es una isla abierta que atrae a las personas hacia ella y las incentiva también a marcharse.
En la segunda galería se muestran algunos de los medios de transporte utilizados por millones de migrantes durante los últimos 1500 años. Cada embarcación ha sido cuidadosamente elaborada por una artista irlandesa. Entre los siglos VI y VII los monjes irlandeses emprendían viajes por mar en embarcaciones abiertas de madera. En el siglo XVII algunos emigrantes partieron en buques de guerra hacia Normandía, mientras otros embarcaron en el primer buque de pasajeros, que tardó cinco meses en llegar a Boston. En el siglo XVIII buques llenos de convictos pasaron unos extenuantes cinco meses en el mar camino de Australia. El viajar se convirtió en algo más fácil en el siglo XIX, cuando los barcos transatlánticos de vapor podían llegar a Liverpool en tan sólo dos días y a Buenos Aires en un mes. Aunque muchos emigrantes irlandeses que huían del hambre sufrieron condiciones de hacinamiento e insalubridad en los infames barcos ataúdes, viejos barcos de madera anticuados que ofrecían los pasajes más baratos. Ya en el siglo XX grandes transatlánticos llegaban a Nueva York en tan sólo ocho días y en la actualidad los aviones Jumbo llegan a Francia en tan sólo dos horas, mientras que Nueva York está a tan sólo siete horas de vuelo.
Independientemente del transporte, todos los viajeros comparten las distintas emociones que rodean a un viaje: alegría ante la posibilidad de una nueva vida, tristeza por tener que marcharse, miedo a lo desconocido.
El área de control fronterizo no es sólo la entrada a un nuevo país, es la puerta de entrada a una nueva vida. Y para los emigrantes irlandeses que llegan a tierra extranjera, se representan todas las posibilidades e incertidumbres: ¿construirán una nueva vida en este emocionante país?, después de todo, ¿les dejarán pasar?
No siempre las personas que abandonaban Irlanda lo hacían para mejorar sus vidas; a menudo, lo hacían para mejorar las vidas de otros. Para los misioneros, sacerdotes y pastores, se trataba de una llamada a extender su fe, ya fuese católica o protestante. Para los maestros, se trataba del deseo de educar a aquellos menos afortunados en otros países, o para las enfermeras y médicos, prestar asistencia médica a los necesitados. Ayudar a los demás ha sido y sigue siendo uno de los motivos fijos por los que migraban los irlandeses.
La historia irlandesa es, a menudo, una historia sobre la tierra. Es una de las principales razones por la que las personas se marchaban de Irlanda, bien porque no podían vivir de la tierra, eran expulsados de ella o bien porque querían adquirir tierras en el extranjero. Entre 1852 y 1910, la sorprendente cantidad de cinco millones de personas se fueron de Irlanda.
La imagen de los irlandeses luchadores es una imagen romántica, la leyenda del valiente, obstinado y fiero guerrero irlandés, incluso aparece en las obras de Shakespeare.
Si bien solemos pensar en las leyes como un medio para proteger a la población, algunas leyes a lo largo de la historia de Irlanda, no obstante, fueron opresivas y alentaron a las personas a marcharse o, incluso, las forzaron. A finales del siglo XVII, los irlandeses, concretamente la mayoría católica y posteriormente los presbiterianos, fueron objeto de discriminación en base a una estricta legislación penal impuesta por los gobernantes ingleses. Los católicos no tenían permitido votar, practicar una profesión u ocupar cargos públicos o incluso asistir a la escuela. A la mayoría de católicos y presbiterianos propietarios de tierras les confiscaron las mismas, lo que les llevó a huir al extranjero. Aquellos que se quedaron vivieron como ciudadanos de segunda clase en su propio país. En virtud de distintas leyes e iniciativas gubernamentales, miles de irlandeses fueron transportados a otros países, algunos eran niñas huérfanas, consideradas una carga para el Estado. Más de 4000 niñas huérfanas fueron enviadas a Australia, donde a menudo sufrieron malos tratos. Otros grupos fueron enviados a colonias penales en el extranjero, como ocurrió con Cornelius Brian, un rebelde derrotado. Entre 1611 y 1870, más de 50.000 personas fueron trasladadas. Algunas personas se marcharon debido a una persecución social.
Irlanda, aunque es un país pequeño, ha tenido una influencia notable en la cultura mundial; como se suele decir: "Irlanda compite en ligas superiores a la suya". Es impresionante la cantidad de irlandeses y aquellos con descendencia irlandesa que han destacado en una amplia variedad de campos: estrellas del deporte, actores, políticos, diplomáticos, científicos, músicos, bailarines, escritores e innovadores en alimentación y bebida. Entre esos variados ejemplos de irlandeses o ascendentes de irlandeses, se encuentran el explorador Ernest Shackleton, el jinete Tony MacCoy, el actor Peter O'Toole, al presidente americano John F. Kennedy, el presidente francés Charles de Gaulle, la actriz Grace Kelly o el cantante Shane MacGowan. Estas personas y sus logros unen a los irlandeses, reforzando su sentido de la identidad, pero también les conectan a otras culturas por todo el mundo.
El deporte americano por excelencia, el béisbol, tuvo una era esmeralda en la que muchos de sus jugadores estrella fueron irlandeses o de ascendencia irlandesa. La historia del boxeo está relacionada con la diáspora irlandesa. La mexicana lucha libre, lucha enmascarada, tiene raíces irlandesas. El amor y el talento para el deporte se considera algo irlandés por excelencia, habiendo los atletas irlandeses influido en el deporte en todo el mundo. Pero el deporte no ha sido sólo una cuestión de fama y éxito: ha ayudado a los emigrantes irlandeses a hacer amistades y a integrarse en sus nuevos países.
Los deportes gaélicos son los deportes más populares en Irlanda. Incluyen el fútbol gaélico, que es un cruce entre fútbol y rugby; el hurling, un deporte que se asemeja al hockey sobre hierba; el camogie, la versión femenina del hurling; el balonmano y el rounders, que es similar al sóftbol. En Irlanda los deportes gaélicos se celebran y juegan por todo el país, culminando en una serie de finales anuales de verano. Los deportes gaélicos no se detienen ahí. Siglos de inmigrantes irlandeses han llevado sus deportes nacionales a rincones remotos del planeta. Para los irlandeses en el extranjero, los deportes gaélicos proporcionan un vínculo importante con la tradición y el hogar; también ayudan a los inmigrantes a relacionarse entre ellos, facilitando la transición a la vida en un país nuevo.
Detrás de mentes irlandesas se encuentran inventos y descubrimientos importantes para la Historia. Desde la más diminuta cadena de ADN hasta la más inmensa galaxia, las mujeres y los hombres irlandeses han contribuido en los descubrimientos claves de la ciencia, la medicina y la tecnología. La inventiva y la curiosidad forman parte de la identidad irlandesa.
Irlanda y la imagen de los irlandeses en todo el mundo se ha creado tanto a partir de los pecadores como de los santos. Entre los más infames están el destacado asesino y delincuente del siglo XIX Ned Kelly; Mary Mallone, la primera persona en los Estados Unidos identificada como portadora de la fiebre tifoidea; y Anne Bonnie, que se convirtió en una pirata del Caribe de la vida real.
La exportación cultural más influyente de Irlanda es la música. La música ha unido a las comunidades irlandesas en el extranjero y ha ayudado a compartir la cultura irlandesa por todo el mundo. También ha dado forma a muchos otros estilos musicales, especialmente en los Estados Unidos. Allí, el violín irlandés se combinó con la música existente para formar la música apalache, la raíz del blue grass y del country western de hoy en día.
Como en muchas culturas, los irlandeses, allá donde estén, se reúnen en torno a la comida y la bebida, especialmente en el pub. No importa dónde viva, probablemente se ha encontrado con un pub irlandés; están por todo el mundo, una especie de embajada irlandesa no oficial que ofrece a los no irlandeses una muestra del país y, para los que sí son irlandeses, les ofrece un recuerdo afectuoso de su hogar. O'Neills es el nombre de pub más común, utilizado en 3000 pubs irlandeses en todo el mundo.
Arte, moda, sombrerería, mobiliario, artículos para el hogar y cultura popular. Los irlandeses han tenido un gran impacto en el arte y el diseño, influyendo no sólo a otros artistas, sino también a la cultura popular. El espíritu creativo es parte orgullosa de la identidad irlandesa.
Irlanda ha sido cuna de algunos de los mejores narradores a nivel mundial. Una generación influye sobre la siguiente. Desde el antiguo Seanchaí, que difundió historias sobre aventuras y magia y los Philly, poetas que preservaban la historia de su clan, hasta los maestros modernos, como James Joyce y Samuel Beckett, cuyas narraciones cambiaron el mundo de la literatura. A los irlandeses les encantan las historias y su patrimonio narrativo ha influido en escritores, actores, cómicos, locutores, poetas, guionistas y directores de cine, algunos nacidos en Irlanda y otros, fuera. Muchos de ellos han supuesto un gran impacto en la cultura global.
La palabra escrita puede susurrar o puede gritar. En la biblioteca susurrante hay dos libros interactivos gigantes. A menudo, la palabra escrita se puede volver más poderosa, incluso en las representaciones.
A los irlandeses les gusta la buena fiesta. Y no importa lo lejos que vayan, que seguro que celebrarán su identidad, origen y su patria. Se celebran desfiles de San Patricio por todo el mundo vistiéndose todos de verde. El Milwaukee Irish Festival en los Estados Unidos dura una semana en la que se da cabida a 250 actuaciones en diecisiete escenarios; es la celebración más grande de la cultura irlandesa en el mundo.
En la última sala del EPIC, la galería de conexiones explora cómo el progreso y la tecnología han cambiado la naturaleza de la emigración. Aunque nos conectemos de diferentes maneras, la conexión emocional, el amor, el anhelo, la culpabilidad, la comunidad siguen siendo una constante.
La visita al EPIC dura aproximadamente hora y media y es muy recomendable esta visita. Salimos enamorados de la cultura irlandesa.



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