La cerveza Guinness, toda una institución en Irlanda, es, junto con al whisky (por cierto, los irlandeses, para diferenciarse del whisky escocés, lo escriben "whiskey"), la bebida nacional, famosa por su sabor malteado y su suave y cremosa espuma. Arthur Guinness fundó esta cervecera de enorme éxito en 1759; 250 años después sigue siendo una de las mayores cervecerías de Europa y se puede encontrar en más de 150 países. La excelente exposición de St James's Gate trata todos los aspectos de la producción y finaliza con una pinta gratuita en el Gravity Bar.
La visita comienza con una introducción a cada uno de los componentes de la cerveza negra: un enorme pozo de cebada, brillantes columnas de vidrio llenas de lúpulo y levadura, e incluso una cascada, que representa el ingrediente fundamental: el agua.
En el proceso de elaboración, explica que se tardan diez días en elaborar una pinta de Guinness. El tostador, el hervidor, la centrifugadora y el recipiente de fermentación recobran vida a través de gráficos en tres dimensiones.
En la parte de la tonelería, se explica cómo fabricaban los toneleros los robustos toneles de madera en el pasado. Desde los años 40 se usan barriles de metal.
Sobre Arthur Guinness, un doctor, un camarero y un lacayo del siglo XVIII cuentan la fascinante vida y época de Arthur Guinness. Fundó su cervecera en 1759 gracias al legado de su padrino, un arzobispo de la Iglesia de Irlanda. Guinness arrendó su primera fábrica de cerveza en Leixlip, cerca de Dublín, en 1756. Tras años después, cuando firmó el contrato de arrendamiento de St James's Gate, se la traspasó a su hermano. Se casó con Olivia Whitmore en 1761, y diez de sus veintiún hijos crecieron para formar una dinastía que hoy se dedica a múltiples actividades.
En una de las plantas podemos disfrutar de toda la publicidad, nos sumergimos en un siglo de innovadoras campañas, películas y anuncios de televisión.
También se enseña cómo tirar la pinta perfecta. El ritual de seis pasos es tan legendario como la propia cerveza: se tardan 119,5 segundos en tirarla.
Cuando se han terminado de recorrer las siete plantas en un edificio que ocupa la antigua cervecera, se puede disfrutar del Gravity Bar en la azotea, con un mirador de 360º donde se puede admirar la ciudad mientras se toma una magnífica pinta.



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