Lleva pocos meses, pero es una iniciativa preciosa. En Ezcaray, entre la iglesia y el restaurante Echaurren hay una antigua cabina, una de esas cabinas que no se han quitado pero que, en la era de los móviles, ya no tiene uso, y como Telefónica no la ha quitado, varios entusiastas lectores la han convertido en una bibliocabina, un lugar de intercambio de libros que lleva funcionando varios meses.
Es curioso, porque con fiestas en el mes de agosto, un macroconcierto, la Vuelta Ciclista y tantas cosas, la cabina sigue en pie y no ha sufrido actos vandálicos. Cruzaremos los dedos para que esto dure.
Hace unos días, en un foro de Ezcaray, alguien dijo que había pocos libros en la bibliocabina, y lo que hice fue preguntar a ver dónde se encontraba ubicada.
Hoy me he pasado y no me ha parecido que haya pocos libros. Habrá entre cuarenta y cincuenta libros, distribuidos en cajas y estanterías de madera, han quitado la puerta y una de las cristaleras laterales y han puesto objetos colgantes sacados de una cocina y pintados de color rojo.
He estado hojeando los libros y no quería llevarme ninguno porque no había llevado otro para intercambiar. Es que no pensaba ver la bibliocabina hoy, sólo ha surgido que he pasado por allí.
Entonces he visto un libro de Pauline Gedge que no he leído y me lo he llevado. Pero a cambio llevaré otra novela la próxima semana.
Ese sitio no puede quedarse sin libros. Todo lo que sea incentivar a la lectura es siempre bienvenido.



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