Estuvimos unas dos horas en Galway y ojalá hubieran sido más, porque es una ciudad pintoresca que nos supo a poco (sobre todo porque tuvimos poco tiempo). El guía explicó que la gente prefería dejar Galway para la tarde, pero si lo hacía así los viajeros se meten en pubs y luego regresan embriagados al autobús. Así que estuvimos en Galway por la mañana.
Como ya nos avisó que en los acantilados de Moher sólo hay un restaurante y era recomendable llevar comida, lo primero que hicimos fue comprar unos bocadillos, y después nos dedicamos a pasear por las estrechas calles adoquinadas, llenas de banderas, llenas de pubs, llenas de música y llenas de artistas callejeros. Porque Galway es una ciudad llena de artistas new age y la ciudad del rock. Además es una ciudad universitaria, así que lo tiene todo para estar llena de vida.
Había una imagen que se repetía por las calles y en los pubs y era la imagen de Lemmy Kilmister, cantante de Motörhead, con su irrepetible mostacho y su sombrero vaquero. No sé por qué, ya que era inglés, y el guía no nos explicó por qué motivo Lemmy aparecía como un icono que se repetía por toda la ciudad.
Galway se originó como fortaleza de los O'Connor de Connacht. Colonizada en 1235 por los anglonormandos, se convirtió en un próspero puerto de mar: se conservan algunos de sus hermosos edificios, como el castillo de Lynch, del siglo XVI, y la iglesia de St Nicholas, del siglo XIV.
Atravesamos las calles peatonales y llegamos al río Corrib. Galway significa "río rocoso" y debe su nombre al lecho de piedras del río. Históricamente la ciudad siempre ha estado muy unida al mar, tanto como para que sus dos iglesias, la protestante y la católica, están consagradas a San Nicolás, patrón de los marinos.
Cruzamos el río y llegamos a la catedral católica, un edificio imponente junto al río.
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