Sin duda alguna, una de las mejores experiencias irlandesas es comer en un pub irlandés, que no sólo sirven bebida sino también comida. Además te puedes recrear con la decoración y con la música en vivo.
El tema es que para cenar en un pub si no tienes reserva es complicado, y luego el resto de restaurantes cierran muy pronto. Muchas veces a las diez de la noche no encontrabas un sitio donde echar un bocado. El fin de semana es diferente, porque el horario se amplía.
En Irlanda es habitual el estofado de cordero o ternera (Irish Stew), los guisos de salchichas de cerdo (Coddle), los Fish & Chips y el puré de patatas (Colcannon).
La primera noche, como era viernes, podíamos cenar en cualquier pub cerca del hotel. Y así fue. Entramos en una taberna irlandesa donde cenamos una típica comida irlandesa. Como no sabíamos muy bien qué pedir, nos decantamos por una ensalada Cobb, estofado de cordero y pollo a la pimienta. Es cierto que los estofados en general no tienen muy buena pinta, parecen platos de sopa con muchos ingredientes, pero hay que decir que están ricos. También flotan en el propio estofado trozos de puré de patata. Cenamos muy bien, lo que ocurre que era mucha comida para cenar, pero estaba todo muy rico.
Al día siguiente, tras visitar el Trinity College, como había muchos restaurantes irlandeses en los alrededores entramos en The Beer Temple, un fantástico nombre para una cervecería en cualquier lugar del mundo.
Como la noche anterior fue pesada, esta vez elegimos platos ligeros, como una ensalada que estaba riquísima, Chicken Wings y croquetas, también de pollo.
Por la tarde nos dedicamos a pasear por Bachelors Walk y nos sentamos en una heladería a tomar unos helados, mientras observábamos a la gente cruzar el puente Ha'penny.
Frente al hotel teníamos otro pub que se llamaba Flannagans, un sitio con sofás tapizados en rojo y con mucha decoración. Un italiano nos habló en español nada más entrar. Allí pedimos una pizza para compartir y una ensalada cajún, otro tipo de plato muy típico de Irlanda.
Otro día que regresamos al Flannagans comimos unos Fish and Chips y unos Chicken Tenders y a mi novio se le antojó una copa de helado, que sólo la presentación merece la pena. Y estaba buena también.
También tengo que reconocer que algunas noches nos íbamos a un restaurante chino que tenía self-service y donde parecía que había trabajadores, solitarios y tardíos como nosotros. Cenabas barato y había una bebida sin alcohol, que ni era zumo ni era nada, sabía a colorante, ¡para qué nos vamos a engañar! Otro día también nos tocó cenar en una hamburguesería irlandesa que cerraba más tarde (hasta sitios como el Burger King y MacDonalds cerraban para las diez de la noche).
Y uno de las cosas más ricas que he comido allí, quizás porque el decorado era magnífico, fue un bocata cajún en el parque de St Patrick's Cathedral. Parecía que era el único chiringuito que había en el parque, con cuatro mesas y con un tiempo que acompañaba.
Cuando salimos del EPIC Museum teníamos hambre y entramos en un restaurante de comida rápida que se llamaba Seven Wonders (los nombres de los restaurantes son muy rimbombantes). Aquí sólo tenían bagels, y eso comimos. Aquí el chico que nos atendió era español y no tenía más que ganas de regresar a España.
Finalmente, como nos tocó comer en el aeropuerto de Dublín, mi novio pilló unos Fish and Chips y yo unos macarrones (tenía mono de pasta). Estaba todo riquísimo.
Alguna comida me dejo por el camino. Por supuesto, el desayuno de los hoteles sigue enamorándonos. Y cenábamos lo que cenamos todos los fines de semana, sólo que añadimos frutas, yogur y algún bollo dulce.
Ni que decir tiene que la bebida por excelencia fue la cerveza Guinness, cerveza negra y que sabía riquísima, pero con una pinta ya es suficiente.
En cuanto al café, creo que ya lo conté, pero si pides un capucchino te sirven una taza de desayuno inmensa y lo cobran también. Así que uno de los guías nos recomendó pedir siempre expresso y, como en la mayoría de cafeterías y restaurantes hay leche gratis, servirte después. Que allí les sale la leche por las orejas y la regalan. Hemos visto cómo un mendigo entraba en una cafetería y se rellenaba de leche una botella.













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