domingo, noviembre 05, 2006

Todo por un polvo


Anoche se me caían los ojos de sueño mientras pasaba las hojas de un libro, tumbada en la cama, con el pijama puesto ya.
Una llamada me sacó de mi ensimismamiento. Ducha rápida, café, maquillaje, ropa... En menos de una hora estaba preparada para salir ¡y pensar que tenía intención de pasar un sábado tranquilo y dormir bien sin la consecuente resaca del domingo! Una llamada me hizo cambiar de opinión.

Últimamente no sé lo que les pasa a los tíos conmigo. Día que salgo día que ligo. Y no lo busco, simplemente estoy con una predisposición negativa con respecto a todos (aunque a veces hay excepciones, claro). Lo deben oler porque sino no me lo explico.
A medida que pasaba la noche las copas iban haciendo efecto en mí. Aunque es curioso que con dos copas más posiblemente me hubiera ido con él. Claro que, a pesar de los efectos, seguía pensando coherentemente. Mi negativa fue clara. Pero no cejó por ello en su empeño. Me miraba, o más bien miraba mis pechos, más que a mí. Soy consciente de que una camiseta blanca en un bar con las luces oscuras insinúa más de lo que deja ver, pues ni siquiera era ajustada.
Tras mi primera negativa, el tío, cuyo nombre no recuerdo, fue a pedir consejo a los amigos. Y éstos se abalanzaron sobre mí: "Eres una cortada", "Un polvo no se desaprovecha así como así"... Uno de ellos llegó a decirme que era relaciones públicas y que conocía a muchas tías como yo. Le hubiera incrustado contra la pared. Mi enfado iba en aumento: "Tú a mí no me conoces de nada, no tienes ni puta idea de lo que hablas, no sabes lo que llevo dentro y lo destrozada que tengo la máquina sentimental, y ni siquiera tienes ni idea de la crueldad que desataría con tu amigo si esta noche me fuera con él". Se quedó con la boca abierta. Seguía insistiéndome, aunque más débilmente. "Eh, que no me vendas la moto". Soy consciente de que yo cada vez era más borde, pero no pude parar. En el momento en que el tío dio una opinión equivocada de mí, un tío que no me conocía de nada, me daban ganas de salir por patas, como me vi obligada a hacer finalmente.
Llegó el otro amigo, más educado, y habló conmigo. También me intentó vender la moto. El que quería acostarse conmigo me miraba con ojitos de cordero degollado. Dije "No" mil veces.
Y me agobié. No podía seguir ni un momento más escuchándoles. El tío estaba bueno, y es posible que si hubiera llevado varias copas más hubiera habido algo más que palabras, fijo que hubiera terminado con él. También es cierto que lo de la noche anterior bullía en mi cabeza como algo especial y no quería que nadie rompiera esa especie de magia.

¿Qué les pasa a los tíos? ¿Por qué se me acercan cuando no quiero nada con nadie? ¿Ven el atractivo en las negativas? Y sobre todo ¿por qué siguen insistiendo? ¿En serio cree alguien que soy tan fácil de convencer o que voy a cambiar de opinión cuando ya he dado una respuesta?
Las últimas veces que he salido vienen a mí como moscas a la miel. No hago nada. Salgo con ganas de pasármelo bien, de disfrutar de la noche, siempre intentando mantenerles a raya, con un "de aquí no pasas"... y sin embargo... los tengo encima toda la noche, y al final termino huyendo. ¿Miedo? Creo que es miedo. Sin querer me invade una especie de temor, el temor a enamorarme. Me da igual que sean guapos o feos, que estén buenos o no... Siempre termino huyendo. Surge en mi cabeza la vena malvada que me impulsa a abandonar todo, esté donde esté.
Así que anoche, en cierto momento, me acerqué a Sandra y le dije: "Aquí te quedas, no voy a follar con él porque no me da la gana, y debería haberme ido hace mucho, he aguantado por ti, pero ya no soporto hablar con ellos ni un minuto más". Ni siquiera le di opción a responderme pues cuando lo hacía yo ya había cogido mis cosas y me encaminaba hacia la salida. Ni siquiera me despedí de ellos, ni sé cómo se llamaban. Lo único que tengo bastante claro es que no me gusta que nadie me mire como un trozo de carne.

No debería haber salido. Lo que iba a ser una noche en plan tranquilo se convirtió en otra noche loca. Si tenía intención de volver a casa a las 3 de la madrugada mi intención se vio transbordada cuando a las 6 cogía el móvil y me ponía a hablar con alguien: "Esta noche me querían violar, necesito hablar". La llamada fue tan larga que me hizo olvidar lo que había ocurrido unas horas antes. Coincidió que el receptor de mi llamada también llegaba a casa a la vez que yo. Y hablamos, hablamos de muchas cosas... Yo necesitaba hablar...
Y después... el silencio. Me he quedado dormida. Como un domingo más de resaca me he despertado a las 11 con unas ganas insólitas de beber agua. Y he seguido durmiendo.

Cuando he vuelto a la realidad, mi planeta del universo 24 había sido atacado por un turco, seguro que era turco con ese nombre. ¡Me ha destrozado la flota! En el otro universo todo seguía igual. Hoy paso de OGame, no tengo ganas de hacer nada. Otras cosas me vienen a la mente.

No voy a salir en un plazo de tiempo relativamente largo. Como las frías noches de invierno son largas y duras, le pediré a mi niño que venga a menudo a ver películas. Me da igual que salga, yo no lo voy a hacer, ni siquiera puedo contarle lo de anoche porque entonces no me dejará sola ni un minuto. O saldré con él. La cuestión es que no me da la gana salir de fiesta en un tiempo, al menos no tendré que escabullirme entre la gente, ni me echarán los tejos como anoche... Es que lo tengo bien pensado. Las últimas veces que he salido he ligado, sin buscarlo, sin quererlo y sin ganas. Seguro que si hubiera salido con intención de ligar no hubiera pasado nada.

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