domingo, noviembre 26, 2006

La importancia de ese momento


Balada para Adelina

Ayer tuve una conversación interesante sobre el momento, ese instante en que estás con una persona, ese momento que no volverá a nosotros más que en el recuerdo, porque nunca hay dos momentos iguales, parecidos eso sí, pero nunca iguales.
La persona con la que hablaba la conocí hace unos meses por internet. Me decía que le pusiera la web cam y mi respuesta fue negativa (siempre es negativa).
Un día me compré una web cam que casi nadie sabe que tengo porque nunca la uso. Hoy no sé para qué diablos me la compré porque está cogiendo polvo en la estantería. Debería regalársela a alguien.
Y recuerdo que le dije: "Si quieres verme podemos quedar y nos conocemos". Es extraño que salga de mí esta frase para con alguien de internet, pero me salió, quizás sin pensarla.

El instante que estás con alguien no se puede congelar más que en nuestra mente, en nuestros recuerdos. No es como una conversación por internet, o un minuto de web cam. No son esos trozos de tiempo que se pueden revivir más adelante volviendo a leer o a ver ese instante pasado. Pero no es igual que el momento de estar con alguien, de escucharle, de mirarle a los ojos, de cogerle de la mano. Ese momento jamás volverá.

A finales de verano estuve mirando conversaciones del pasado y al final te das cuenta de que no merece la pena volver a recordar ciertos instantes, que quizás es mejor no guardar ciertas cosas, bien porque te producen dolor o porque en tu fuero interno sabes que ya nada volverá a ser como antes. Una conversación por internet está llena de palabras que no significan nada si no van acompañadas de gestos, de la voz, si no puedes mirar a la otra persona a los ojos... y al final caen al vacío.
Ahora llegan a mí esos momentos en que recuerdas una voz, un perfume o una sonrisa. Ni siquiera son necesarias las palabras. Se para el tiempo y no se necesita nada más. Echo de menos esos momentos pero nadie de aquí me los puede dar.

Si he elegido la Balada para Adelina es porque me he acordado de la primera vez que la escuché, de las ágiles manos de una compañera de clase, su examen de 5º de piano era esta canción, y me llegó hondo. Quería que jamás que acabara esa melodía, y por supuesto, no es lo mismo escucharla aquí que revivir ese momento en un salón de actos lleno de alumnos donde la escuché por primera vez ante el silencio más absoluto interrumpido por la armonía de notas que salían del piano.

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