domingo, noviembre 19, 2006

"Big Fish"

Algunos peces no se dejan pescar. No es que sean más rápidos o más fuertes que otros, es sólo que han sido como tocados por la gracia.

Como otra película más de Tim Burton, esta también te deja con una infinidad de ideas bailando por tu mente y una pregunta: ¿por qué no? o una moraleja: creer en algo aunque parezca inverosímil. Y como en todas sus historias, la ternura y la delicadeza de los personajes te llegan de tal manera que es posible que una lagrimilla asome en tu rostro.

Will Bloom nunca había creído las historias que su padre le contaba, para él eran mentiras increíbles dotadas de exageraciones y personajes de leyenda irreales. De hecho, su hijo era la única persona que no creía en las palabras de su padre. Para el resto era una persona especial, un gran pez al que el océano se le quedaba pequeño.
Ed Bloom era una persona tan sociable que siempre iba contando la historia de su vida a la gente y a todo el mundo le caía bien. Gracias a ese carisma y a su gran corazón, Ed siempre se convertía en el alma de las fiestas. Sus historias eran en cierto modo difíciles de creer: desde un gran pez que era realmente el alma de un ladrón, un pez que nadie había conseguido pescar, y Ed tuvo la genial idea de poner en el cebo su anillo de compromiso para cazarle; hasta cómo volvió a conseguir su alianza matrimonial con sólo pedírselo; o cómo fue a la casa de la bruja del pantano que tenía un ojo de cristal en el que si mirabas fijamente podías ver cómo te ibas a morir; o cómo habló con Karl, el gigante, y lo sacó de Asthon, pero se marchó con él a la ciudad; de cómo cruzó un bosque encantado llegando a un pueblo que no venía en los mapas, Espectro, donde le quitaron los zapatos para que no pudiera marcharse; o cómo llegaron a un circo donde Karl encontró su destino y Ed vio por primera vez a Sandra Templeton y se paró el mundo; de cómo se quedó trabajando gratis con la gente del circo a cambio de que el jefe, un hombre lobo, le diera información cada final de mes sobre la mujer que le había enamorado a simple vista; o cómo llegó a la ciudad donde estudiaba Sandra y le dedicó su amor románticamente hasta que plantó un jardín de narcisos (su flor preferida) enfrente de su ventana; de cómo para no cumplir tanto tiempo en el ejército se fue a misiones especiales donde unas siamesas japonesas le ayudaron a escapar y todos le daban por muerto... Y así muchas historias más.
La única historia que jamás contó es lo que había visto en el ojo de la bruja. Y un día cae enfermo. Así que después de unos años sin hablarse, padre e hijo se vuelven a reunir de nuevo e intentar hacer las paces. El hijo sigue sin creer la historia, pero sus bases se tambalean en el momento en que llega al cuarto donde su padre guarda todas las cosas de su vida. Y así es como empieza a creer que las historias que su padre contaba no eran tan falsas como él creía.

1 comentario:

K dijo...

Sí, es cierto. Es preciosa.

Ufff el final... Creo que nadie podría resistirse.