
Lo más hiriente de todo lo que escuchamos es lo que no se dice.
Quizás aquellas palabras que alguna vez esperamos y nunca llegaron.
O aquellas despedidas donde nadie levantó la mano para decir "adiós".
Quizás aquellas frases de consuelo que nunca llegan cuando deben o siempre llegan tarde.
O aquellos saludos que nunca se dijeron, bien por orgullo, bien por vanidad, bien por soberbia.
Una palabra a tiempo es la mejor garantía de salvar algo que está en la cuerda floja. Y los silencios son el peor aliado en esos momentos de espera. Por eso es necesario buscar a alguien que pueda hacer llegar a nosotros el mensaje que necesitamos oír en un determinado momento.
Sin duda, lo más doloroso siempre será lo que quede en el tintero sin pronunciarse jamás.
Quizás aquellas palabras que alguna vez esperamos y nunca llegaron.
O aquellas despedidas donde nadie levantó la mano para decir "adiós".
Quizás aquellas frases de consuelo que nunca llegan cuando deben o siempre llegan tarde.
O aquellos saludos que nunca se dijeron, bien por orgullo, bien por vanidad, bien por soberbia.
Una palabra a tiempo es la mejor garantía de salvar algo que está en la cuerda floja. Y los silencios son el peor aliado en esos momentos de espera. Por eso es necesario buscar a alguien que pueda hacer llegar a nosotros el mensaje que necesitamos oír en un determinado momento.
Sin duda, lo más doloroso siempre será lo que quede en el tintero sin pronunciarse jamás.
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