
Este libro aún conserva la fragancia de la sal del mar, entre el forro aún se pueden observar los restos muy tenues de una arena gris, casi negra. Y es que este libro lo comencé en Tenerife, aunque en estas últimas semanas ha caído en mis manos algún otro libro.
Siempre me llevo libros cuando voy de viaje, por lo general en ediciones de bolsillo, dos o tres, dependiendo de los días que vaya a estar fuera. Y, por rutina, desde no recuerdo cuándo, estos libros siempre están forrados con adhesivo. A veces no es necesario, pero el forro da una solidez a las tapas que permite que tarden más en estropearse, cosa que ocurre sobre todo si lo llevas de un sitio a otro. Comento lo del forro adhesivo sólo para explicar el motivo por el que el libro conserve entre sus páginas arena de playa.
El libro me ha encantado, incluso me ha hecho llorar. Confirmo que no lo cogí al principio con muchas ganas, quizás por eso me ha llevado varias semanas, pero esa concepción cambia a medida que vas ganando páginas.
Tiene algo que me recuerda a los libros de viajes de Javier Reverte, que no sólo se limita a describir los paisajes o esbozar sus conversaciones con los oriúndos de allí donde va, sino que te cuenta pequeñas anécdotas que ocurrieron en tal o cual lugar, te hace creer que ese lugar es único sobre todo si tuvieron su parte de gloria en un hecho histórico pasado y, por supuesto, te acerca a la mentalidad de ese país. Aquí se habla de Kenia.
Nunca he dicho que uno de los lugares del planeta que más me han atraído siempre es precisamente Kenia. Es obvio que los safaris me atraían, pero también esa naturaleza especial que se describe en Memorias de África. No me importaría visitar Kenia, aunque lo veo aún un país inestable políticamente. Quizás algún día…
El caso es que es una novela que te deja con una pregunta: ¿el autor se basa en hechos reales o es simplemente fruto de la ficción? Lo que está claro es que el autor no podría haber escrito este libro sin visitar Kenia. Una de las historias que me ha encantado es la del Treetops, un árbol convertido en hotel. Me ha parecido un lugar con mucho encanto, interesante.
El estilo en que está escrito es, sobre todo al principio, un poco arduo. Cuesta entrar en la historia en el sentido de que es muy descriptivo y hay varias historias paralelas, historias que son necesarias para comprender la historia. Y, por tanto, el narrador necesita contarnos la vida de sus antepasados para comprender el motivo del viaje del protagonista a Kenia. Un viaje que se convierte en una búsqueda personal, una búsqueda para reencontrarse con una persona que dé sentido a todo lo que le rodea.
Curro Mencía es un periodista de un diario madrileño. Su mejor amiga es Mónica, también periodista en el mismo diario que él, aunque hija del director del periódico, lo que la otorga unos privilegios con respecto a él.
Sus padres, recién separados, optan por vender la casa de sus antepasados en Torrelodones, Lux Domini, y Curro Mencía no puede creerse que sus familiares puedan desprenderse con tanta facilidad de esos recuerdos.
Curro empieza a investigar, porque sabe que su abuela Uke se quedó embarazada del escocés Hamish Sutherland, que la abandonó para irse a Kenia. Pero lo que parecía tan claro, no lo es tanto cuando el joven descubre que Hamish se fue al país africano desconociendo que Uke se había quedado embarazada y que, además, le pidió que se fuera con él. Cuando Curro era un niño, al morir su abuela, conoció por vez primera a su supuesto abuelo, que fue a presentarles sus condolencias. Él descubrió allí que tenía una familia, pero la bienvenida fue demasiado fría. Sólo Curro le creyó.
Una década después, Curro decide ir a buscarle a Kenia. Para ello, tendrá que visitar París, donde está Delsey, un gran amigo de Hamish, que decide ir con él a Kenia.
Mónica y Curro empiezan a salir y terminan enamorándose, pero ella comprende que él tiene que hacer ese viaje él solo, mientras ella se marcha a Nueva York a hacer un máster. La separación hará más fuerte el amor que sienten el uno por el otro.
Parece que Hamish se ha cambiado de nombre y, tras seguir muchos hilos falsos, terminan encontrándole. Éste es un momento muy emotivo, ese encuentro entre abuelo y sobrino, ese encuentro entre dos viejos amigos…
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