
Hoy el día tiene otro color. Desde media mañana deseaba poder explayarme describiendo un momento indescriptible. Pero como he estado muy ocupada, no ha sido posible hasta ahora.
Podría decir mil cosas y nada se aproximaría a ese instante de él. Hoy me he sentido hechizada por un ángel. No sé si es su dulzura, su sonrisa, su mirada, su voz... Posiblemente sea todo él en conjunto.
Supongo que es algo parecido al orgullo lo que me impedía coincidir con él en ese lugar a esa hora. Pero entonces le he visto tan guapo, tan dulce, tan enigmático... Mi corazón (y quien dice esto se refiere a que mis pasos eran guiados por el corazón) me ha llevado a seguir el mismo camino que él. En unos pocos minutos me encontraba disfrutando de su presencia.
Como una quinceañera me volvía a temblar la voz al preguntarle cómo le iba todo, mientras inconscientemente iba grabando en mi memoria destellos de esa mirada que concentra lo más hermoso del mundo. Estaba guapísimo.
Hacía meses que no me temblaba la voz en su presencia. Si cerrara los ojos recordaría esa voz tan suave y sentiría un escalofrío al rememorar.
¿Cómo he podido vivir tantos días careciendo de ese momento de álgida, aunque fugaz, felicidad que ofrece él con un instante tan enriquecedor? No lo entiendo. ¿Cómo he vivido sin él durante una semana larga? Sigo sin entenderlo.
Es curioso, porque al cruzarme con él he olvidado la amargura de hace unos pocos días. Contemplar la belleza en su mirada me reconforta, siento como si me abrazara con los ojos cada vez. Al reflexionar, no entiendo cómo he podido estar tantos días sin esa dulzura que emana de él.
Le quiero más...
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