
Después de la sobremesa me ha entrado un ligero sopor. Luego me he tumbado un rato a leer y he sentido muy pesados los párpados. En realidad me hubiera echado una siesta, pero sabía que no podía quedarme dormida.
Me he acordado de que, al mediodía, cuando iba hacia el coche, he visto el coche de un ángel. Tan cerca he pasado que hubiérale hecho un dibujo, pero al mirar atrás he visto a alguien que trabaja aquí cerca y sé que si me hubiera visto haciendo dibujos en la luna de algún coche iba a tener guasa conmigo durante semanas. Al final, he optado por seguir mi camino, no sin antes haber comprobado que esa persona tan especial no venía por el otro lado de la calle.
Al final, pese a que estuve anoche mirando disfraces, no escogí ninguno. Eso quiere decir que si a última hora decido salir en Nochevieja amortizaré uno de los antiguos, o no me disfrazo, o... no sé, porque lo cierto es que sigo sin ganas de fiesta.
Apenas le he robado esta mañana unos segundos.
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