
Al mediodía caminaba por el mercado medieval y estaba sin gente. Era uno de esos momentos en que no te esperas encontrar abierto el mercado, pero allí estaba, sin las turbas de gente que lo avasallarán este fin de semana. Me hubiera gustado caminar con él por allí en ese momento.
Me pregunto dónde estará. Tampoco hoy le he visto y, por tanto, estoy echándole de menos. Esperaba encontrarme con él, pero por lo que sea no hemos coincidido.
Seguro que está guapo hoy. Siempre suele estar más guapo cuando no le veo porque en mi mente pervive su recuerdo perfecto.
No sé si le veré hoy, más que nada porque no tengo la absoluta certeza de salir esta noche. Tengo cansancio acumulado, he llegado a las cinco de la tarde a casa y no me he echado siesta. Y ahora empiezo a sentir ese cansancio.
Además tengo las manos heladas. A veces me paseo hasta la sala y me acerco a la chimenea, pero mis manos siguen frías. Mi padre siempre me dice eso de "manos frías, corazón caliente"; anoche me lo dijo una vez más. Pero él ya sabe que mis manos siempre están heladas, lo que desconoce es que mi corazón tiene una calidez placentera que arde cuando me cruzo con esa persona tan especial.
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